¿Quién los mató?

#Los5DeLlanoVerde

Por @JulianJaraUribe

Omitiré nombres para evitar comprometer personas, solo me remitiré a los hechos.

Todo empezó el 11 de agosto a las 9:53 p.m. El día había estado bastante movido, en la mañana ya se habían reportado 5 homicidios por arma de fuego en la ciudad de Cali, fue un martes bañado de sangre en la Sucursal del Cielo. Estaba acostado en el piso ante la ola de calor insoportable de esa noche, ya la edición del periódico había terminado y la última nota se había publicado. Era momento de descansar pero decidí revisar mis redes sociales.

 A las 9:53 p.m. llega el primer mensaje por el grupo judicial de WhatsApp — Buenas noches quien confirma 5 9-01 en un cañaduzal del vallado? — fue el primer chat. Para los que no conocen los códigos de la policía, un 9.01 se refiere a muerte traumática. Inmediatamente todos los periodistas del grupo empezaron a preguntar por el mismo reporte pero todo era confusión. Unos decían que en el Vallado, otros que en el basuro de Navarro, pero la mayoría apuntaba a un barrio en especial, Llano Verde. — Pero está confirmado que son 5 cuerpos… es que hablan incluso que las víctimas son menores — dijo un periodista. Si bien las muertes Cali por arma de fuego contra mayores de edad son el pan de cada día, 5 occisos, menores de edad, por muerte traumática, en un cañaduzal, era algo escandaloso. Era una masacre. Todos los medios de la ciudad se desplazaron hasta el lugar de los hechos.

Las primeras imágenes eran de registro, del lugar, del acordonamiento, de las autoridades inspeccionando la escena del crimen, luego, el horror. Empezaron a llegar los registros de los jóvenes, y no precisamente el video que está en redes sociales donde se les ve tirados boca abajo, era fotos y videos realmente crudos que, afortunadamente, ningún periodista decidió publicar. Sentí que la sangre se me helaba, se trataba de apenas niños a los que algún miserable decidió cegarles la vida. No quería tirar la chiva sin una confirmación oficial, era un caso para tratar con pinzas, fue entonces cuando el alcalde Jorge Iván Ospina lo anunció en su cuenta de Twitter. Era un hecho, se habían apagado 5 vidas en el barrio Llano Verde. 

— Muchachos, sé que ya se desconectaron pero voy a publicar en redes lo de Llano Verde, eso está muy feo — escribí en el grupo de redacción. Inmediatamente el editor general nos pidió montarlo al portal lo más rápido posible, y así fue, la jefe de redacción digital recopiló todos los reportes que enviaron y se montó la nota al instante. Fue difícil conciliar el sueño esa noche, aún me preguntaba cómo era posible que en Cali pasaran estas cosas.

 Al día siguiente llega el reporte del Ministerio de Defensa seccional Policía Metropolitana de Santiago de Cali. La lista era larga, 11 personas asesinadas en la ciudad por arma de fuego. Mi indignación fue desmedida, necesitaba respuestas y quien debía darlas NUNCA aparecía cuando de dar declaraciones se trataba. Inicié mi cruzada personal en busca de respuestas de tan atroz crimen, cuestioné a la alcaldía, al Secretario de Seguridad y Justicia, a la misma Policía de Cali, solo eran lamentos, nadie parecía saber los móviles del hecho. Un equipo de periodistas del medio se desplazó hasta la zona en busca de las versiones de la comunidad y había una en particular que las personas cotejaban.

Según los habitantes de Llano Verde, el grupo había salido a volar cometas, pero un amigo del grupo, aseguró que alguien se acercó a los menores ofreciéndoles ir a cortar caña. Fue el único que no aceptó el ofrecimiento, el resto se fue con el hombre. Los familiares de los jóvenes notaron su ausencia cuando al pasar de las horas no regresaron a sus casas. Empezaron a circular imágenes en redes sociales de unos jóvenes con armas de fuego y cuchillos en sus manos, “vea, estos son los ‘angelitos’ que mataron en Llano Verde”, “tremendas lacras, eso fue que los pelaron por bandidos”, “claro pero es que no hay malos muertos, tenían azotado el sector y les cobraron”, una imagen falsa destruyó la reputación de los menores vilmente asesinados. Resulta que la foto se trata de jóvenes artistas que se habían caracterizado para hacer un sketch (video para redes sociales) y debieron salir a pedir que no se compartiera la imagen porque ellos no eran los muertos. 

Los audios inundaron mi WhatsApp, todos falsos, fuera de contexto o pertenecientes a otras personas para incriminarlos, todos crueles y mentirosos. Es que siempre la muerte de 5 menores genera una presión y es necesario ponerlos como bandidos para justificar el hecho y quitarse ese problemita de encima. NO. Debemos esperar a que avancen las investigaciones y no hacer conjeturas, eso le hace mucho daño a los familiares y revictimiza a los menores que hoy descansan lejos de una ciudad que los olvidó y solo los utiliza para salir en fotos e impulsar carreras políticas. Oportunistas sin pudor.

Esta es la crónica de una muerte anunciada, así lo denunció el concejal Fernando Tamayo del Partido Conservador quien desde enero está insistiendo en el reclutamiento de menores de edad en la zona, muchas veces incluso generando desplazamiento forzado a quienes se negaban a ser reclutados y sus familias. “El pasado 23 de enero, en la plenaria del Concejo, cuando Carlos Rojas se presentó como secretario de Seguridad y Justicia alerté la situación de Llano Verde. En la Comuna 15, según información que tengo de líderes del sector, están llegando bandas organizadas muy poderosas que se quieren hacer a los negocios del microtráfico y el ‘gota a gota’, con el posible desplazamiento de quienes ejercen estas actividades ilícitas. El resultado es una guerra cruenta por el poder”, así lo dijo al periódico El País Cali en una entrevista que ofreció.

 La realidad en el oriente de Cali es cruda y descarnada, desde antes de la pandemia este sector ya estaba olvidado y no se continuaron con algunas políticas exitosas de la administración anterior, luego llegó la pandemia y quedaron olvidados a su suerte. Y es que en Cali hay mucho, mucho, mucho qué intervenir, eso se sabe. Todo sumado al precario recaudo fiscal necesario para cumplir las metas del Plan de Desarrollo, hace imposible intentar tapar todos los huecos que tenemos en la ciudad, es una deuda impagable. Cali está sin recursos y la pandemia terminó de joder el panorama. Se hace necesario citar a Gustavo Orozco, Politólogo Especialista en Seguridad y Terrorismo, quien en un tuit nos puso los pies en la tierra y nos acercó a esa difícil verdad que hoy reposa sobre el oriente de la ciudad. 

Mábel Lara, periodista que ha seguido esta matanza con lupa, en la mañana de este sábado publicó un video que inevitablemente llama a la nostalgia. Cantaoras dando el último adiós a estos menores en medio de cantos para hacer su transición al más allá, y que logren encontrar la paz que no tuvieron en vida. En él se pueden escuchar frases lapidarias que piden justicia para una comunidad afro cada día más golpeada por el racismo clasista de una ciudad que de inclusión no conoce nada. La Cali de los blancos y negros cada día más fracturada y que nos duele a todos los que hemos estado pendientes de esta masacre.

 A los funcionarios públicos cuyo silencio se hace cómplice, les hago un llamado para que se pronuncien en contra de la inseguridad de Cali. Nada de palabritas y golpecitos en la espalda, un control político severo a las estrategias que se vienen implementando en la ciudad cuyos resultados no se ven y que pasan ante sus ojos cegados por el favoritismo oficialista. A los que ya están alzando su voz, mi profundo reconocimiento por tan valiente labor, esas son las acciones que los caleños están viendo sobre su gestión.

 Hoy toda la ciudadanía caleña debe pronunciarse dado que aún no se tienen resultados mientras el reloj sigue avanzando y cada hora es un paso que da el olvido. ¿QUIÉN LOS MATÓ? Este es mi último tuit sobre el caso. 96 horas del crimen, un anuncio de “amplia información de los responsables” por parte del alcalde, ninguna captura. 

Cali duele, duele mucho. 

Nos leemos la semana entrante.

@JulianJaraUribe.

Ojo con la feria

"Es hora de rescatar esa caleñidad y ese sentido de pertenencia que nos caracteriza. Este puede ser el parteaguas que necesita Cali para volver a pensar como ciudad y no como individuo, de que los ciudadanos presenten iniciativas y recuperemos juntos a La Sucursal del Cielo": @JulianJaraUribe

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