Sin paramilitares, corregimientos de Pradera le apuestan al turismo

Sus habitantes recibieron el primer medio de transporte masivo propio. Historia del cielo en el que volvió a brillar el sol.

Por Lina Uribe

Los relatos de aquellos días en los que nadie podía salir de casa después de las 6:00 p.m. y otros en los que el vallenato era la banda sonora de la guerra ahora existen solo en el recuerdo de los habitantes de La Ruiza, Los Pinos y Arenillo, tres corregimientos que están a unos 50 minutos en chiva desde la cabecera municipal de Pradera y a poco más de dos horas de Cali.

Ese pedazo de la cordillera central que separa al Valle del Cauca del Tolima fue el asiento de las autodefensas del Bloque Calima durante cinco años, desde que empezaron a conquistar el departamento en 1999 hasta que se desmovilizaron el 2004. Varios de sus integrantes provenían de la costa atlántica y por eso en las fiestas, recuerdan los habitantes de los corregimientos, no podían faltar ni el vallenato ni el ron.

“Al principio pensábamos que eran del Ejército por el uniforme. Luego se identificaron como AUC. Se llevaban a los jóvenes, no nos dejaban salir por la noche y si alguien necesitaba ir a alguna vereda tenía que pedirles permiso”, cuenta Francisco Güefia, que nació en Arenillo hace 50 años y tuvo que abandonar su finca durante un tiempo para proteger a su familia.

Después del 2004, cuando el grupo ilegal dejó las armas, varios desplazados empezaron a retornar a sus casas sin saber qué quedaba de ellas. Se dieron cuenta de que a la familia de la esquina la habían matado, que a la profe la habían desparecido y otras barbaries que nunca habían sido motivo de angustia antes, cuando el mayor riesgo de vivir en esas tierras era quizá que les cayera una plaga a los cultivos de café, mora, frijol, arveja o arracacha.

En el registro de la Unidad para las Víctimas, el hecho que vulneró a estas comunidades se llama confinamiento. Lejos del tecnicismo, esto se traduce en que los paramilitares reacomodaron las normas e impusieron su régimen con intimidaciones, amenazas, desapariciones, homicidios y otras formas de sembrar miedo.

El daño que causó esa guerra fue tan fuerte que hoy, 14 años después, cuando las botas de los ‘paras’ ya no son las que dejan huella y los campesinos han regresado a sus terruños, saltan algunos rezagos. Cuenta Angélica, de 11 años, que “los señores del batallón” fueron a su colegio en Arenillo para enseñarle a ella y a sus compañeros cómo reconocer una mina antipersonal.

“Nos dijeron cómo eran: como un botoncito en el suelo. Uno lo reconoce porque es diferente al pasto. Por dentro tiene puntillas que le destrozan la cara a uno cuando eso explota. Que no debemos caminar por las zonas que dicen ‘Peligro’, eso nos advirtieron”, resume la nena.

Su relato lo apoya otro niño aún más joven, que mientras se lanza de cabeza por el resbalador de la única escuela de Los Pinos agrega que “eso lo enterraba la gente mala” y que “si uno se para ahí tiene que quedarse quietico”. Aunque comunes para estos chicos, son materias o temas que niños de otros colegios jamás estudian en la primaria.

La chiva de la esperanza

La semana pasada, las cerca de 100 familias que viven en esos tres corregimientos recibieron un bus tipo chiva como parte de la reparación colectiva que les está haciendo la Unidad para las Víctimas. Hasta allá llegó este organismo del Estado en el 2013, nueve años después de que los ‘paras’ se hubieran ido pero cuando la desconfianza y el miedo seguían vivos.

Chiva Pradera

¿Un bus? Más allá de tener una carrocería con motor y cuatro llantas, los habitantes están esperanzados en que con este vehículo podrán activar el turismo para que todo Pradera, el Valle del Cauca, Colombia y el mundo sepan que ese ya no es territorio de guerra y que, en cambio, una mañana de paseo puede regalar los paisajes más bellos vistos desde la altura de la montaña.

Quienes suban a hacer deporte tienen la posibilidad de recompensarse con un jugo de pura fruta. Para el almuerzo, trucha frita. También la venden cruda para llevar a casa porque en Arenillo hay 16 familias dedicadas al cultivo de este animal. Como sobremesa, un café de la marca ‘Sumando paz’, propia de los campesinos y con un nombre bastante cercano a lo que vienen haciendo desde hace años.

Los que vayan a principios de noviembre pueden disfrutar la Feria de la Trucha, que este año completó su segunda versión y que ofrece actividades como paseos a caballo, presentaciones musicales y, claro, venta de trucha en todas sus preparaciones. El resto del año son bienvenidos quienes quieran pasar un día de descanso, con aire limpio y en un lugar que a principios del 2000 no se asomaba en la ruta de ningún viajero.

Además de impulsar el turismo, la chiva tendrá otros fines. Ayudará a transportar alimentos a la ciudad, así como a los vecinos que hoy deben caminar un tramo e invertir $24.000 para llegar a Pradera cuando alguna diligencia se los exige. “El transporte se nos lleva la tercera parte de lo que ganamos, es un tema muy duro”, relata Jaime Jiménez, de Los Pinos.

El apoyo del Gobierno a través de la Unidad para las Víctimas alcanzó para renovar los escritorios y las sillas de la única escuela de Los Pinos, donde en un salón de no más de 25 metros cuadrados se reúnen niños de todas las edades con una sola profesora que intenta dividirse en varios grados.

Perros Pradera

El recreo lo pasan en un patio de tierra tal vez 20 veces más grande que el aula. Los estudiantes más tranquilos pueden comer la lonchera junto a un ternero que permanece atado a un árbol, mientras que los más activos pueden jugar un partido de fútbol, eso sí, con las interrupciones de una pandilla de perros callejeros que siempre quieren unirse al ‘picado’.

En los planes de la Alcaldía de Pradera está ampliar la escuela y convertirla en un centro de formación también para adultos. Además construirán una cocina, para la que ya están listos los utensilios gracias al aporte de la Unidad para las Víctimas.

“Los habitantes de estos lugares quedaron marcados por el miedo y la desconfianza. Entre ellos mismos se empezaron a tildar de colaboradores de las AUC, entonces se generó mucho distanciamiento. Con la reparación se ha logrado volver a unirlos, generar confianza”, explica María Isabel Barberena, trabajadora de la Unidad.

Más adelante, cuando la construcción de una ruta turística que va a unir los 23 corregimientos de Pradera sea una realidad, más personas se aventurarán a conocer la lindura de esas montañas y la belleza de los corazones que sobrevivieron a la guerra. Tal vez los recorridos los hagan en la chiva por ese circuito que se llamará ‘La vuelta al cielo’. Sí: es toda una divinidad.

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