¿Qué hace Papá Noel cuando no es navidad? Historia del "Santa" que vive en Cali

No tiene renos ni vive con Mamá Noel. Pero con su barba y cabellera blanca, Luis Arévalo es la sensación por estos días en Cali. Crónica de un Papá Noel de la vida real.

Por HEINAR ORTIZ CORTÉS

A veces me contratan para eventos de entregar regalos o algo así.   Por ejemplo, si usted tiene un evento y me dice: “vea, necesito que me entregue unos regalos el 24”, yo voy y le cobro $30.000, $40.000, ahí se cuadra”. LUIS ARÉVALO.

SOBRE PAPÁ NOEL
79

años tiene Luis Arévalo, el hombre que encarna a Papá Noel por estos días en la capital del Valle del Cauca.

El trineo no es definitivamente como lo pintaban. Papá Noel no se mueve en un delicado carruaje de madera norteamericana. No. Papá Noel realmente anda en un Renault 12 gris, que pese a estar aporreado por el paso las décadas, lo lleva y lo trae todos los días desde el centro hasta su casa ubicada en el suroriente de Cali.

Eso es otra cosa. Papá Noel no vive en el Polo Norte, rodeado de nieve y cientos de duendes que hacen juguetes. No. Todo el tiempo nos mintieron. Papá Noel vive realmente en el barrio La Independencia, aquí en la capital del Valle del Cauca, rodeado de cientos de paquetes de chitos que vende en Ecoparque de Pance.

Porque resulta que Papá Noel vende chitos. Es lo que hace cuando no es diciembre. Y también cuida carros y bicicletas afuera del centro de salud del barrio Cristobal Colón, vende rosquillas, toma tinto en el puesto de arepas que hay en la esquina de su cuadra y le da comida a un gato negro llamado Chirry, que lo visita todas las mañanas.

Papá Noel tiene 79 años y no se llama San Nicolás. Se llama Luis Arévalo, tiene dos hijas y un hijo, vive solo en un pequeño garaje adecuado como apartaestudio, come en un ‘corrientazo’ donde le dan doble presa de pollo y por estos días, como es diciembre, se viste con guantes blancos, botas negras, gafas de marco dorado y su tradicional traje navideño rojo.

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Realmente, a don Luis lo único que le faltaba era ser Papá Noel. Durante toda su vida, desde los ocho años de edad, cuando comenzó a trabajar, ha sido repartidor de periódicos, vendedor de buñuelos, cocinero, maestro de construcción, agricultor, presidente de una asociación de artesanos, fabricante de anillos con monedas de 25 centavos y hasta botánico.

“Yo curo a la gente de la presión con la cebolla cabezona, curo a la gente de la úlcera con el kumis de leche de vaca, curo a la gente de la amibiasis con la cerveza. Yo lo curo a usted de osteoporosis y de cáncer con noni y tomate chonto. Ese don me lo ha dado Dios”, dice el Papa Noel criollo.

Así como ha hecho de todo, también ha estado en todo lado. Es, de alguna manera, otra similitud que tiene con el Papá Noel “de mentiras”, el que lleva regalos a medianoche el 25 de diciembre a los niños de todo el mundo que se han portado bien.

“Vea, yo nací en Villamaría (Caldas), me bautizaron en Paime (Cundinamarca), me criaron en Pereira hasta los 12 años y ahí me vine para Cali. He trabajado en Buenaventura, Tuluá, Buga, Manizales, Sevilla, Duitama, Sogamoso, Maicao y hasta en Venezuela. Todo eso lo he recorrido porque me gusta mucho trabajar”, cuenta.

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“Dios y madre”. Papá Noel muestra el tatuaje que él mismo se hizo en el antebrazo derecho, con un par de agujas y tinta china, luego de escribirse la frase con lapicero. “Eso me dolió bastante. Cuando ya lo tenía listo y se me hinchó, le unté limón. Ahí sí me dolió”, dice sonriendo, recordando viejas andanzas de cuando vivía en Buenaventura.

Son las 8:36 a.m. del miércoles 16 de diciembre. Don Luis habla recostado a su Renault 12, al frente de su casa, en el barrio La Independencia. Se recuesta porque la pierna izquierda le duele todo el tiempo. “La tengo mala, me la dañaron aplicándome una inyección en 1982. Me la aplicaron muy abajo y se me tiraron el nervio ciático. Desde entonces, me duele la rodilla, la pierna y el tendón de Aquiles. Yo hago el intento de moverme, entonces a diario me tomo uno o dos Dolex para calmar el dolor”, explica frunciendo el entrecejo.

La mala cara tiene sentido ante la explicación de su andar lento, pero a veces Papá Noel es algo malgeniado y terco, según dice su hija Yamileth, quien mantiene pendiente de él y lo visita a diario.

“A mí no me gusta verlo con esa barba larga. Yo soy asesora de imagen y me gusta verlo bien arregladito. Un día se la hice cortar y no le gustó como quedó y se enojó. Desde entonces, hace tres años, no se la corta. Pero ya ahorita en enero le digo otra vez que se la corte así sea un poquito. Yo le voy a decir, aunque sé que no me va a hacer caso”, dice la mujer de 43 años.

Ojalá tenga razón. Ojalá don Luis no le haga caso. ¿O es que acaso tiene sentido ser Papá Noel y no llevar una larga barba canosa?

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Son las 8:36 p.m. del martes 15 de diciembre. El Bulevar del Río está lleno y un tumulto de personas lo rodean mientras hablamos. Un par de niños se acercan y le tiran del pantalón rojo hecho con una tela que parece peluche.

– ¡Papá Noel! ¡Papá Noel! ¿Qué me va a traer de navidad? –pregunta una niña de unos cinco años.

– ¿Y usted si se ha tomado la sopita? –le responde don Luis, mirándola por encima del marco de las gafas.

– ¡Mamá, cierto que sí! ¡Dígale que sí!

La mamá de la niña sonríe y asiente. Le piden una foto y el Papá Noel colombiano posa con la familia, todos sonrientes. La imagen la captura con una cámara semiprofesional una mujer con la que Luis se había asociado ese día. “Con el celular cuesta $1000 y con la cámara vale $6000. Se la entregamos impresa de una”, explicaba la señora a quienes preguntaban.

Papá Noel ha trabajado toda la vida pero no tiene pensión ni accede a subsidios para el adulto mayor. Tampoco sabe qué es eso ni dónde pedirlo. Lo único que sabe es trabajar, como lo ha hecho siempre.

Todos los días, a las 4:00 p.m., don Luis sale de su casa en el suroriente de Cali, en su viejo ‘trineo’ gris de cuatro ruedas. Va hasta el alumbrado a posar con quienes quieran tomarse una foto con él, su barba blanca y su traje. Allá está hasta las 11:00 p.m. o a veces hasta medianoche. Es lo que hace en diciembre. Un trabajo más en su lista. A la final, Papá Noel también come y paga renta.

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