Así es la Casa Naranja, el único teatro del Distrito de Aguablanca, oriente de Cali

Cientos de muchachos del oriente de la capital del Valle del Cauca, uno de los sectores más peligrosos y golpeados por las dificultades económicas, han elegido hacer teatro en vez de pararse en una esquina a consumir drogas. Historia.

Por HEINAR ORTIZ CORTÉS
SOBRE EL TEATRO
14 AÑOS

se demoró John Jairo Perdomo en terminanr de adecuar el teatro de Casa Naranja. Desde el 2010, opera tal cual se encuentra hoy en día.

Es posible generar convivencia pacífica a través del arte. Es posible que niños y jóvenes del oriente de Cali encuentren en el arte una forma de encontrarse con el otro”. JOHN JAIRO PERDOMO, DIRECTOR DE LA CASA NARANJA.

En el oriente de Cali el teatro vale huevo. No es ni una metáfora ni un insulto. Es algo literal. En Casa Naranja, la única sala de teatro que existe en el Distrito de Aguablanca, para poder entrar a ver una función hay que llevar un huevo.

Sería tonto pensar que ahí, en El Poblado, barrio incrustado en el centro de una de las zonas más deprimidas de la ciudad, alguien tendría como prioridad pagar para ver un montaje teatral. Por eso, el método que ideó John Jairo Perdomo, director de la Corporación Casa Naranja, fue el trueque.

“Un huevo es una entrada. Dos huevos son dos entradas. Media de arroz, de azúcar, de lenteja, una panela, son tres entradas. Un atún son cuatro”, explica el artista escénico.

Cada sábado, hacia las 7:00 p.m., mientras los artistas del grupo base de Casa Naranja se preparan, maquillándose o poniéndose el vestuario que guardan organizado en percheros, en un cuarto del primer piso del lugar, decenas de habitantes del oriente de Cali hacen fila, huevo en mano, para ver teatro.

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Son 50 sillas las que cada fin de semana se llenan. Según cuenta Valentina Rodríguez, una bogotana que hace 22 años respira teatro callejero y quien actúa y enseña en Casa Naranja hace cinco, a veces toca subir butacas o pedirle sillas prestadas a los vecinos para completar el aforo de la función.

“La respuesta de la gente es agradable, porque ellos nunca habían tenido la oportunidad de venir a un lugar como el que tenemos aquí, donde todo es gratis y donde se trabaja con niños. La grandeza de lo que hacemos es precisamente esa: lograr sacar a los niños de la calle por un momento”, dice la actriz.

En efecto, además de presentar cada sábado alguno de los seis montajes que tienen preparados, decenas de niños del oriente de Cali acuden a Casa Naranja a ver, sin costo alguno, clases de danza, técnicas de circo, zancos, teatro o música.

Uno de ellos es Danny Urbano, un niño de 16 años que durante sus últimos cinco años de vida ha estado vinculado al mundo del arte con Casa Naranja, un lugar donde pudo ver más allá de lo que pasa en la esquina caliente del barrio.

“En el sector donde habitamos, El Poblado, estamos rodeados de barrios duros como El Vergel, Comuneros, El Diamante. Por acá es duro porque uno sale del colegio y ve por donde sea gente de la calle, marihuaneros y pandilleros. Entonces es como una oportunidad que la vida me da de no estar en la calle con malas juntas sino que en vez de eso puedo venir y ver algo que de verdad me apasiones y que puede ser mi futuro”, cuenta el muchacho.

No es una exageración. Para Robinson Hurtado, otro pelado del Distrito que hace años entró a Casa Naranja, el futuro es ahora. Estudió teatro en el Instituto Popular de Cultura (IPC) y ya hace parte del grupo base, con el recibe dinero por presentaciones empresariales y campañas con el sector público o privado.

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“Son otras alternativas que da la vida. Es algo más allá de estar jugando fútbol en la calle o peleando, porque por acá se “juega” a las peleas. En diez años me veo viajando y enseñando, permitiéndole a otros niños soñar y cumplir sus sueños, así como yo lo hice”, dice con una sonrisa en el rostro.

Como ellos, son cientos los muchachos que han pasado por Casa Naranja durante los 19 años que lleva el teatro funcionando en el oriente de Cali. De hecho, según su director, John Jairo, cada año son más de 400 niños, niñas y jóvenes los que pasan por las tablas de su escenario.

“En la actualidad son 80 vinculados. Es difícil calcularlo, pero yo estimo que son más de 7600 los pelados que hemos capacitado en Casa Naranja, sin cobrarles ni un solo peso. Esto lo hemos logrado con la vitamina C de la que hablamos nosotros: “Cristo, confianza, cultural, carnaval, cariño, convivencia, comunidad, celebración”. Vitamina C, al piso. Por eso nos llamamos Casa Naranja”, explica el Director del teatro.

Casa Naranja es reconocida por la Secretaría de Cultura de Cali, además de ser sala concertada del Ministerio de Cultura. También cuenta con el apoyo de entidades como la Fundación Fanalca, Aflora – Fundación Bolívar Davivienda, la Cámara de Comercio de Cali, la Fundación Social Gane, Colegio Anglohispano, entre otros.

Queda entonces una pregunta en el aire. ¿Qué hacen en la Casa Naranja con tantos huevos? John Jairo responde: “nos los comemos. Porque hay un imaginario de que los artistas no comen. ¿Sí? Como que vivimos del aire y que esto tan bonito que nosotros hacemos no tiene un reconocimiento real. Por eso en este proceso de trueque, de intercambio, cambiamos la figura del modelo que solo se mueve alrededor de lo económico, un modelo que rompe espacios de convivencia y muchas veces quita la posibilidad de abrazarse, de encontrarse”.

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