Bronx, tres años de vida

Un nuevo aire se respira en el sector, cuya renovación tiene como objetivo dar a conocer historias de vida para evitar que la oscura historia se repita.

Por Andrés Molano Martínez

El Bronx es de esos lugares que esconde miles de historias que han quedado sin contar, un lugar que muchos se arrepienten de haber conocido, que a otros les sirvió para cambiar de rumbo, aunque hubo otros tantos que no vivieron para contarlo.

Dicha zona, considerada la más peligrosa de Bogotá, cobraba vidas en el centro de la capital, donde se respiraba un ambiente de horror y muerte. Allí permanecían habitantes de calle, consumidores, recicladores, jíbaros y grupos dedicados al expendio de drogas y explotación sexual.

Se cumplen tres años desde la intervención relámpago que realizó en conjunto la Alcaldía de Bogotá, la Policía Nacional y la Fiscalía. Por esta razón y para hacer un homenaje a quienes lograron tansformarse se llevó a cabo la muestra museográfica “Bronx, tres años de vida”, a la que asistieron más de 4.600 ciudadanos.

La iniciativa, apoyada por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, se realizó para  que los ciudadanos conocieran una dura realidad pero que también aprendieran  que se están transformando las vidas de quienes allí habitaron, un ejemplo que demuestra que se debe cambiar la mala percepción sobre los habitantes de calle.

En las inmediaciones del barrio Voto Nacional se encuentra el Bronx. Pisar el inicio de la “L”, una de sus principales calles, todavía genera miedo, pero curiosidad al mismo tiempo, pues se trata de recorrer un lugar que albergó uno de los capítulos más tenebrosos de la capital, donde hubo desapariciones, torturas y muertes que ni las crónicas rojas describen. No en vano un ex habitante del sector lo denomina “el infierno en la Tierra”.

La muestra está recreada con un contexto aterrador que elaboró un artista sonoro para generar en los visitantes la sensación del ambiente que sentía todo aquel que entraba al lugar, un sonido en el que se ahogan gritos y transmite soledad a pesar de haber sido tan concurrido. El suelo está lleno de papeles, objetos desechables y demás materiales que hacen alusión a la basura y desechos que había en el entorno.

En la exposición también fue recreada una particular cantina “de mala muerte” que también funcionaba como tienda, que era muy popular en el Bronx. Allí muchos llegaban a ingerir alcohol, jugaban en una máquina de monedas y compraban drogas. A juzgar por los elementos que habían en el lugar, todo parece indicar que allí vivía un jíbaro con una niña. De hecho se encontraron unas libretas con apuntes de tarifas y pedidos de estupefacientes.

En el fondo del establecimiento hay una habitación lúgubre que pertenecería a dicha niña, donde aún se conserva su cama, tocador, peluches, cuadernos, notas y manualidades escolares.

Tras la intervención también fueron encontrados teléfonos, una nevera con una nota, una rockola, cuadros y objetos religiosos que dejan ver el paso del tiempo.

Estando en el lugar llama la atención un edificio, no por su abandono sino porque su entrada está sellada y prohibida al público. Se trata de la famosa “casa de pique” donde se cometieron tantas atrocidades narradas por quienes lograron salir. En ese edificio se cometieron torturas, asesinatos, violaciones y demás actos inhumanos.

Diagonal a la casa de pique, caminando un par de cuadras, había un edificio en el que ex habitantes del lugar dicen que habían perros que eran propiedad de los sayayines que estaban entrenandos para torturar y que también eran usados para hacer apuestas. En dicho lugar también habrían una babilla y un güio (serpiente boa constrictor) que utilizaban para desaparecer los cuerpos y que no quedara ningún rastro de ellos.

Cuando a uno le cuentan en el recorrido que en el Bronx se expendían 62.000 papeletas de ‘bazuco’ por cada fin de semana (sin tener en cuenta que en total eran 120.000 dosis entre marihuana, pepas y demás sustancias alucinógenas), uno no alcanza a dimensionar la magnitud del problema.

También son impactantes las fotografías de las cicatrices que sufrieron varios habitantes de calle. Estas marcas, que estarán en su cuerpo para siempre, les dejan un mal recuerdo, que ojalá pudiera ser reversible. Sin embargo, también hay historias de personas que lograron salir de la oscuridad.

La transformación del espacio en el Bronx inició hace tres años. Iniciaron demoliendo los antiguos edificios, limpiando y adecuando el lugar que se convertirá en el epicentro del primer Centro Creativo y de Industrias Culturales del país.

El único edificio que no será demolido se va a llamar La Esquina Redonda, para que sea un símbolo de lo que fue y no debe volver a ser, un museo que albergará todos los objetos anteriormente mencionados y la memoria de los hechos ocurridos en el pasado.

La renovación también busca destinar espacio a emprendedores para que comercialicen sus productos y generen nuevas dinámicas, trabajando bajo un modelo de economía colaborativa. Hasta el momento se han recibido más de 1.300 propuestas de interesados.

Dicho Plan Parcial de Renovación Urbana, que se desarrollará en siete etapas, también contempla la construcción de 4.000 viviendas, una nueva sede de la Alcaldía Local de Los Mártires y un edificio del SENA.

Tras la intervención del sector, en el Bronx se han logrado disminuir los homicidios en un 48%, y particularmente los de habitantes de calle en toda la ciudad y en un 43%.

Salvar vidas y lograr que las personas, que por años fueron instrumentos de las bandas de narcotráfico, ha sido uno de los principales objetivos de la operación.

Actualmente, la ciudad cuenta con 15 centros de atención para habitantes de calle con 2.781 cupos.

 

 

Bronx, tres años de vida

 

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