¿Cómo debe reaccionar un uniformado que es agredido?

El más reciente caso de abuso de autoridad ocurrió con un anciano golpeado con un bolillo.

Por Ginna Rincón

El video grabado por un ciudadano, en el que se ve a un anciano de 59 años  tirado en el suelo tras ser golpeado por un Policía de Tránsito con un bolillo en la cabeza, causó indignación y solidaridad en los diferentes sectores de la sociedad.

La grabación se hizo viral el pasado viernes, luego de que el video fuera compartido por redes sociales y portales de noticias.

Las imágenes son fuertes, ya que de principio a fin se evidencia el adulto mayor, identificado como Gildardo de Jesús Santamaría, gritando una y otra vez “me estoy muriendo”. A su lado siempre estuvo Coby, su perrito y compañero fiel.

En las imágenes quedó plenamente identificado el uniformado agresor, que de acuerdo con las declaraciones entregadas por las autoridades actuó “en defensa propia”, dado que aparentemente “se vio obligado a tomar medidas correctivas para defenderse de un inminente ataque con arma blanca”.

Estas declaraciones fueron recibidas con escepticismo entre la ciudadanía. No obstante, es de resaltar que actualmente el uniformado se encuentra apartado de su labor mientras culminan las investigaciones correspondientes.

Ahora bien, ¿cómo de debe reaccionar un uniformado cuando es agredido?, para resolver esta duda PUBLIMETRO se contactó con Hugo Acero, experto en temas de seguridad, quien explicó que “la Policía está entrenada para reaccionar respecto a distintas circunstancias. Ellos tienen unos protocolos claros de en que momento se puede dialogar o hacer uso legitimo de la fuerza”.

En ese sentido, hay un elemento que denomina el uso proporcional de la fuerza, lo que quiere decir que “si la Policía es atacada con arma de fuego tienen la posibilidad de atacar con su arma de fuego”.

Por tanto, si el uniformado es agredido con arma cortopunzante “desde luego no puede utilizar el arma de fuego, por lo que podría hacer uso de la fuerza física o del bolillo”.

Es importante agregar que si una persona siente que algún uniformado se excedió en el uso de la fuerza debe poner en conocimiento de la justicia dicha situación para que se inicien las investigaciones.

Por su parte, en comunicación con este medio, el intendente Victor Macias, de la oficina de prevención de la Policía Metropolitana de Bogotá, indicó que si no se puede dialogar con alguna persona en estado de agresividad “deben neutralizar el arma que tengan para posteriormente esposarlo”.

 

Nueva oportunidad

 

PUBLIMETRO habló con don Gildardo, quien asegura estar “un poco adolorido a causa de los garrotazos” que le propinó el policía.

Según su relato, el uniformado que lo agredió llegó en un principio a decirle que no podía estar acostado con su perrito “porque estaba muy cerca de una estación de Policía”.

Entonces el hombre caminó “un poquito más de una cuadra” y paró nuevamente “porque el perrito estaba muy cansado”. Fue allí, en el separador de la Calle 13 a la altura de la Estación de la Sabana, donde ocurrió lo peor, pues el mismo policía volvió y sin mediar palabra agredió al adulto mayor.

Tras esa desafortunada experiencia, don Gildardo fue contactado por la Secretaría de Integración Social para cambiar su vida.

Ahora se siente “como un Rey, mejor atendido de lo que va a estar el papa Francisco en Bogotá”.

Myriam Cantor , subdirectora para la adultez de la Secretaría de Integración Social, le explicó a PUBLIMETRO que “actualmente están conociendo sus necedades para evaluar que ruta deben seguir para brindarle atención… El señor Gildardo se encuentra en un albergue recibiendo atención médica y psicosocial”.

 

¿Cómo los están ayudando?

Todos los días los ‘Ángeles Azules’, un equipo especial de Integración Social, recorren las calles de la capital para brindarles apoyo a los habitantes de calle.

“Ellos los motivan para que ingresen a nuestros centros y reciban todo el apoyo”, expresó la subdirectora para la adultez.

Actualmente, la entidad maneja un censo del DANE del 2011, que expresa que en la capital hay cerca de 9 mil 600 habitantes de calle.

La doctora Cantor explica que de esta cifra “en promedio, diariamente, van a los centros entre 300 y 400 habitantes de calle para recibir ayuda”.

No obstante, la entidad se siente atada de manos frente a la deserción de esta población, pues es muy común que estas personas vuelvan al camino de la calle.

Por tanto, desde la entidad le hacen un llamado a la ciudadanía para que pongan su granito de arena y “no entreguen cosas (comida y dinero) a los habitantes de la calle, porque esto solo genera que las personas permanezcan en la calle degenerando su vida”.

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