La patria bo... vota: mi experiencia como jurado de votación

Por Mauricio Barrantes

Año tras año los noticieros muestran el momento de cierre de votación como un espectáculo en el que los olvidadizos que llegan tarde alimentan el morbo de los espectadores que dicen desde sus casas: “así somos los colombianos, dejando todo para última hora”. Este momento anecdótico hace parte del show en el que se ha convertido el cubrimiento electoral, en donde la expectativa por saber los resultados se alimenta con pantallas grandes de gráficas, la acostumbrada pasarela y sobreexposición de los presentadores y una que otra postura radical de los ‘líderes de opinión’ de siempre.

Pero del otro lado, del lado de la realidad, están tres actores: los políticos, los votantes y los jurados. Los primeros viven su domingo con el teatro de siempre, que implica sonreír por la mañana ante el dios más popular y prepararse para el discurso en el que lo que importa es dejar claro que se gana, porque así les toque la derrota, la filosofía Maturana estará presente en ellos: “perder es ganar un poco”.

Por su parte, los votantes, muchos decepcionados por la corrupción, las caras de siempre o la falta de ‘tamal’ deciden si aprovechan las ventajas de votar, porque ¿quién no quiere escaparse medio día del trabajo?, o sencillamente eligen quedarse en casa, ir de compras o dormir un poco más mientras critican el sistema.

En tercer lugar, están los jurados, amenazados por la escandalosa cifra de 10 salarios mínimos vigentes si no cumplen su deber con la patria, así, ¿quién no es un buen ciudadano?. Pero más allá de la coerción que existe hacia los que se ganan esta lotería, resulta importante entender que en un proceso democrático como las elecciones de alcaldes y gobernadores en Colombia, el rol del jurado tiene una gran responsabilidad, aunque dé ‘mamera’.

Es simple, con tanto ‘pillo’ suelto queriendo ganar votos, con las constantes denuncias de irregularidades y con sucias costumbres politiqueras de compra de sufragios que aún persisten en algunas poblaciones, el rol del jurado debe consolidarse como ejemplo para quienes creen en la democracia, y también para quienes no.

Mi primera vez… como jurado

“Cordial saludo: nos permitimos informarle que fue designado como jurado de votación para las próximas ELECCIONES DE AUTORIDADES LOCALES, a celebrarse el día 25 de octubre de 2015 según resolución 0827”. “Si no acude a desempeñar las funciones o las abandona o no firma las actas, tendrá sanciones legales”.

La política siempre me ha despertado pasiones encontradas. En cada elección abrazo a algún candidato, de izquierda o de derecha, y defiendo mi voto sin importar el resultado. Al tiempo, con cierta frustración he visto cómo los candidatos a los que les tengo más afecto se queman, se voltean, enloquecen o se vuelven ‘joyitas’ indefendibles. ¡Ay política! ¿Cuánto daría por entenderte? Y yo sigo sin aprender.

En cualquiera de los casos, la designación como jurado de votación no me cayó como baldado de agua fría. No, por el contrario, me emocioné desde el comienzo por una experiencia que desconozco y que sin duda considero de gran importancia para el sistema democrático en el que vivimos. Me siento como un patriota en potencia, digno de reemplazar a ‘Tal cual’ en el Boletín del consumidor, abrazar a Paloma Valencia mientras le hago pistola por detrás y cantar el himno nacional con más errores que Shakira y Fonseca juntos: “arriba Ublime, mi voto es por ti”. 

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Debo decir que la capacitación en Corferias me pareció perversa, no aprendí nada, y no porque la ‘profe’ no hubiese sido clara, sino porque en menos de 1 hora intentan meterle a uno un montón de información, abundante, desorganizada y compleja. Afortunadamente estaba al lado de alguien que ya había sido jurado un par de veces y a quien pude llenar de preguntar para entender ¿por qué hay que firmar tantas veces? ¿cómo se organizan los tarjetones? ¿qué es eso de JAL? ¿cuáles son las funciones que hay que cumplir?

Bueno, a los que no, leerse la cartilla es la opción obligada para entender qué hace un jurado de votación. Lo cierto es que el sistema tiene una organización deficiente, porque estas capacitaciones deberían ser más claras, de mayor duración; e incluso, adicionar una clase de ética, necesaria para que quienes se desempeñen como jurados procuren hacer su trabajo con honestidad, en donde el único interés sea el de respetar la voluntad popular, sea cual sea.  

Jurados de votación para las elecciones 2015

¿Que gane el mejor? 

El año pasado las elecciones coincidieron con el Mundial de fútbol y los protagonistas, Zurriaga y Juampa le rezaron a James para que un gol despertara el patriotismo, llenara de fe a la gente y los entusiasmara a votar. Este año no hay doña Mechas, pero la fauna electoral sigue siendo atractiva, con especies que ya reconocemos porque insisten en lanzarse una y otra vez, al lado de caras nuevas apadrinadas por los caciques de siempre.

Pero sin importar los resultados (ya estoy acostumbrado a que ‘mis’ candidatos pierdan) las elecciones nuevamente darán de qué hablar, con famosos quemados, con show mediático, con cientos de promesas, parrandas y tamales, pero también con la esperanza que sea un proceso electoral limpio, en el que los jurados cumplan su función con total transparencia, los candidatos respeten los resultados y los votantes salgan a cumplir con su deber democrático, para que asuman su voto y luego no se anden quejando.

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