5 historias raras y chistosas de bogotanos que se han salvado de atracos

Buscar historias de atracos en Bogotá no es difícil. Sin embargo, Vice recopiló las maneras más extrañas y graciosas como sus habitantes se salvaron de que les quitaran sus pertenencias.

Por PUBLIMETRO

A continuación encontrará las cinco mejores, publicadas en el portal.

1. “Mi papá vive en Santa Ana y todos los días se cruzaba con la misma persona, a la que saludaba con regularidad. Un día, un hombre lo iba a robar cerca de la casa y cuando llegó su compañero, resultó ser esa persona. Lo saludó con nombre propio y se pusieron a charlar. Minutos después le pidió disculpas por su amigo y lo dejó ir”.

Valentina Rozo

2. “A mi novio una vez lo atracaron en un paradero en Santa Ana, justo el 24 de diciembre. Los ladrones ya se le estaban llevando la billetera y el celular y él les dijo: “Bueno, pero igual les deseo una Feliz Navidad”. Los atracadores recapacitaron, le desearon lo mismo y le devolvieron todo. De vaina no los invita a la novena”.

Paula Vega

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3. “Yo soy profesora de preescolar. Un día me monté a un bus y me senté del lado de la ventana. Puse mi cartera en medio de los dos asientos y justo ahí se sentó un hombre, al lado mío. Tuve un mal presentimiento con el señor de al lado y cuando revisé mi cartera, me di cuenta de que mi billetera no estaba. Entre la rabia y la adrenalina, encontré un marcador de tablero que uso en mis clases y se lo puse en las costillas al señor gritando: “¡Deme la billetera!”. Entre el susto el señor me echó algo a la cartera y cuando me bajé me di cuenta de que tenía mi billetera y la de él”.

Margarita Salom

4. “Cuando recién llegué a Bogotá mi mamá compró una casa en el municipio de Soacha. Yo no sabía que en Soacha había una tarifa especial para los taxis y que a mayoría no me llevaría hasta allá desde Bogotá. Decidí coger bus. Un día, al llegar a Soacha, dos muchachos se me acercan para atracarme y agredirme con un puñal para que les diera todas mis pertenencias (diez maletas Tommy, un baúl de Louis Vitton y cuatro cajas). En mi desespero por el trancón, el poco transporte y la rabia del robo empecé a gritar: “Llévenselo todo”, con tanta poquita fe en la vida que ya ni me importaba. “Váyanse a la mierda, me vale huevo todo”. Al ver los ladrones que estaba tan desesperado, me preguntaron dónde vivía por lo que les mostré la dirección. Tal fue la compasión, que me llevaron a la casa con mis diez maletas, cuatro cajas y el baúl. Todavía los veo y me saludan”.

Edward Murillo

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5. “Yo vivía en la 127 en frente de Bulevar y un día estaba esperando a mi amiga Ana María. Ella es bajita, muy bajita, casi de 1,30… Frágil y suave. Ella estaba en un bus y, cuando se bajó cerca de mi conjunto, me llamó para pedir indicaciones. Antes de colgar, oí la voz de un señor que le pedía su celular. No supe más de ella hasta que timbró en mi casa con celular y cartera. Me dijo: “me salvé por tierna, pues al ladrón le dio pesar robarme””.

Santiago La Rotta

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