En Kennedy convirtieron parque abandonado en una huerta pública

Por PAULA MONROY / PUBLIMETRO
El dato
8.500

familias bogotanas producen alimentos para consumo doméstico, según la FAO

Cultivos en poco espacio
20

kilogramos de comida al año, se pueden obtener de un espacio de apenas un metro cuadrado

A veces vendemos las hortalizas y verduras la gente viene porque tiene la garantía que son alimentos sanos, libres de químicos”

En el barrio Monterrey, de la localidad de Kennedy, vecinos cultivan diferentes hortalizas y verduras como lechuga, acelga, cebolla y espinaca en un pequeño parque que estaba abandonado y con trabajo conjunto fue convertido en una huerta que incluso tiene un jardín.

“La práctica agrícola que se realiza en espacios urbanos dentro de la ciudad o en los alrededores”, recibe el nombre de agricultura urbana y periurbana, según la Cartilla Técnica de Agricultura Urbana elaborada por el Jardín Botánico, José Celestino Mutis. Este sistema de producción de alimentos, puede realizarse en antejardines, lotes, terrazas y patios.

De hecho, fue en una terraza donde la Fundación Monterrey Ecohídrico, una organización de carácter socio ambiental, con ayuda de la Secretaría de Medio Ambiente, empezó a encabezar acciones para motivar a los vecinos a realizar este proyecto de cultivo, que es una solución para conservar el mayor número de recursos posibles mediante el manejo de recursos sólidos aprovechables.

Su presidenta, Gladys Duarte, explica que al cultivo asisten entre 15 y 20 personas durante las diferentes jornadas de trabajo que se hacen los días martes de cada semana. Pero, además de conservar el medio ambiente, estas acciones crean fuentes de trabajo alternativo, dirigidas principalmente a madres cabeza de familia, jóvenes y personas mayores. 

El cultivo de hortalizas se adecua al ritmo de las ciudades, puesto que “tienen un ciclo de producción corto, algunas se pueden recolectar a los 60 días de la siembra”, asegura la FAO -Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación-, en un artículo sobre el tema.  

Gladys afirma que las verduras y hortalizas obtenidas en el parque se reparten entre los asistentes que ayudan en el cultivo. Pero además, a veces se venden a otros vecinos a un menor precio que en las tiendas y “con la garantía que son alimentos sanos, libres de químicos”, explica la mujer.

Según la FAO la diferencia en precios se debe a que “los horticultores urbanos gastan menos en transporte, envasado y almacenamiento, y pueden vender directamente en puestos de comida en la calle y en el mercado”, evitando los intermediarios.

La Fundación, incentiva la protección del medio ambiente con diferentes proyectos, además de la huerta, por ejemplo para el día de las velitas pasado se crearon faroles con botellas de gaseosa.

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