Comunidad activa, renovación de un espacio en el barrio Ciudad de Cali

Después de años de deterioro y olvido estos vecinos de Kennedy le dieron nueva vida a un salón comunal.

Por PAULA MONROY / PUBLIMETRO
El Trébol de Todos y Todas

Es la página del proyecto El Trébol, sí quiere seguirlo de cerca.

La mayor ganancia es lograr ofrecer a los niños un espacio donde puedan jugar, expresar su creatividad. Ellos han aprendido bastante”

La unión hace la fuerza, lo demuestra hoy la cooperación de varios habitantes del barrio Ciudad de Cali, en el suroccidente de Bogotá, quienes se empeñaron en resucitar el Centro Comunitario y Cultural al que llamaron El Trébol.

Junto al colectivo Arquitectura Expandida, los ciudadanos han reunido esfuerzos para volver a habilitar el edificio donde hace 26 años funcionada un sencillo salón comunal, que terminó siendo abandonado por el deterioro de la infraestructura.      

En junio del año pasado comenzaron las intervenciones, con la ayuda de la Junta de Acción Comunal y en septiembre pusieron manos a la obra para renovar el espacio. “En este momento vamos en la última fase, estamos terminando el cerramiento de la ventanas con guaduas”, explica Gabrielina Moreno una de las habitantes del barrio que se destaca en el proyecto.

Pero esa cooperación no es nueva, auto gestión es lo que ha identificado a los habitantes de Ciudad de Cali desde el comienzo del barrio. Fue la misma comunidad quien construyó las redes de acueducto, alcantarillado y pavimentó las vías, es más, el exalcalde Enrique Peñaloza durante su mandato, visitó el barrio y recorrió sus calles como muestra de apreció a esa labor. Así, han asumido el proyecto, además de otras cosas, como una oportunidad para recuperar la memoria de lo realizado desde 1989.

Además de las tejas caídas, este predio estaba lleno de basura y escombros que los mismos habitantes depositaban, y sus únicos ocupantes eran roedores –por no decir   ratas-. A causa del abandono, el parque junto al Centro Cultural se había convertido en un sector inseguro , según sus habitantes se presentaron varios robos y violaciones.

“La comunidad está feliz con esta recuperación”, manifiesta Gabrielina. Se logró eliminar la inseguridad del parque, al mismo tiempo que se habilitó de nuevo la zona comunal, donde se fomenta la interacción entre vecinos mediante actividades culturales.  

Según cuenta Gabrielina los mayores veedores del proyecto son los niños, “ellos han respondido más que los adultos. Avisan si alguien está dañando los murales, el jardín o las guaduas”.

De hecho, la mujer explica que el nombre que establecieron entre todos, fue en gran medida, idea de los niños. Y se debe a que el sitio cuenta con tres espacios: la entrada, un salón principal y una huerta o jardín.

En la entrada, donde está pintado muy grande el nombre: El Trebol, los niños hicieron una línea de tiempo sobre el barrio, esto para no olvidar la historia.

En el salón principal, donde se instalaron tejas, tiene lugar la recreación de todos los vecinos. Actividades como danza para el adulto mayor, talleres para los niños de fotografía, estampado o agricultura, que son liderados por integrantes del colectivo Arquitectura Expandida.

En cuanto al jardín, este fue creado con botellas recicladas, que los niños pintaron y colgaron, “eso significa que también estamos cuidando el medio ambiente”.  

La lista de personas que relata Gabrielina es tan larga, que muestra como la comunidad es parte activa de este proyecto. Claro que siempre hay personajes que se resaltan, pero tal vez sería injusto dar crédito a unos pocos, cuando   lo que se busca es beneficiar a todo el barrio.

Y refiriéndose a la inversión económica la mujer explica, “Arquitectura Expandida nos colaboró con un gran aporte. También, recaudamos dinero pidiendo de casa en casa. Hemos hecho rifas. La comunidad ha llegado paulatinamente”.

Por su parte, el gobierno no ha ayudado, “cuando estaba el doctor Luis Hernando Escobar, fui a verlo y le dije que teníamos esta problemática, pero me dijeron que no había recursos ni presupuesto. Que ya era cuestión de nosotros”, dije Gabrielina agregando que son conscientes que es el salón comunal era responsabilidad del barrio, por eso se   comprometieron.  

El Centro El Trébol solo funciona los domingos 9 de la mañana a 6 de la tarde. Las actividades se dividen entre quienes hacen los talleres lúdico-culturales y los que trabajan en la restauración.

“Bastantes mujeres somos las que participamos en estar ahí haciendo el acompañamiento, poder ofrecer comida a los que están, muchos adultos no se involucran y es entendible porque el domingo es un día pesado, como la mayoría de la comunidad trabaja en Abastatos, este es su único día de descanso”, narra la muy positiva mujer.

La relación entre los habitantes y los miembros del colectivo, es de “tú a tú”, no existe barrera por el cargo de unos y otros. “El trato con los arquitectos es por su nombre. Hemos tenido un buen roce social”, dice Gabrielina.

Pero este proyecto trasciende el simple trabajo comunal. Lo demuestra la visita del reconocido geógrafo y teórico social británico David Harvey, con quien “compartieron un tamal”. “Nos da mucho caché que haya venido, porque él pudo llenar el auditorio León de Greiff –de la Universidad Nacional-, es una persona muy reconocida que valoró nuestro trabajo”.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo