Galope de libertad para 50 caballos

Sustitución. Aún quedan 2840 equinos trabajando en Bogotá, pero eso será solo hasta septiembre

Por Diego Hernán Pérez

  La última gran travesía por las vías de Bogotá para Pipe, Pitufo, Príncipe, el Mono y otros 46 caballos empezó a las 2:00 a.m.. El viaje final tenía como destino la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales, UDCA, allí los equinos dejaron a sus dueños de toda la vida e ingresaron al buen retiro.

Desde ayer son el primer grupo de animales beneficiados del programa de Sustitución de Tracción Animal de la Alcaldía, el cual pondrá fin al uso de animales para el reciclaje y trabajos forzados en la capital.

Como si se tratara del premio mayor de una carrera de hípica, estudiantes, funcionarios y transeúntes esperaron ansiosos la llegada de los equinos, que luego de seis horas de trote arribaron de los barrios Girardot, Las Cruces y Prado Veraniego para dejar por fin sus carretas.

Los carreteros recibirán de parte de la administración Distrital 36 salarios mínimos legales vigentes por cada caballo, para optar a una vehículo de tracción mecánica, plan de negocios o mejora de vivienda (este último solo para adultos mayores y personas con discapacidad).

“Me siento feliz, porque en 2002 los carreteros salíamos sin nada, sin una herramienta que nos hubiera servido. Impulsamos demandas y la Corte Constitucional salió a favor de nosotros porque se estaba violando el derecho al trabajo”, expresó Rosalba Rodríguez, representante de los carreteros.

Pese a que varios de los equinos presentaban magulladuras, heridas y cicatrices como consecuencia del trabajo duro, a otros no se les notaba ese maltrato de sus dueños. “Es un sentimiento de alegría porque muchos de ellos llegaron en condiciones degradantes y acá van a poder recibir una recuperación y estarán en libertad”, dijo Érica Pedroza, estudiante de tercer semestre de Medicina Veterinaria, mientras analizaba a Pitufo, de siete años.

El objetivo de esta etapa consiste en la recepción, valoración, tratamiento, alojamiento y entrega a posibles adoptantes de los caballos. “Se siente triste porque es como si fueran los hermanos de uno. Son parte de la familia. Estar todo este tiempo con ellos y dejarlos de la noche a la mañana es duro. Pero es bueno porque descansan los animalitos”, comentó Giovanny Mendoza, dueño de Pipe y Mono, quienes desde ayer dejaron de recorrer la ciudad con el ruido de sus desgastados y viejos cascos.

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