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Perú: la batalla oculta por dominar el negocio de las islas flotantes del legendario lago Titicaca

Los uros y sus islas flotantes en el Titicaca atraen a miles de viajeros cada año, pero no los suficientes para que todos puedan vivir del turismo. Peleas, una guerra de comisiones y hasta impostores complican el desarrollo de esta industria en el lago navegable más alto del mundo.

Bernabé Coila asegura que a sus 57 años ya no le tiene miedo a los forasteros. Atrás quedaron los días en los que corría a esconderse en casa cuando alguno aparecía en su comunidad. Pero aún hoy, apenas les habla y hay que acribillarlo a preguntas para que les dedique más de dos palabras.

Y, sin embargo, eso es lo que él y su pueblo anhelan ver cada día: turistas que desembarquen en sus islas, visiten su casa y conozcan su modo de vida.

Bernabé pertenece a la rama peruana de los uros, una población indígena que se reparte entre Bolivia y Perú, pero que debe su fama a cómo vive en este último país: en pequeñas islas artificiales que flotan sobre el lago Titicaca.

Hasta hace pocas décadas, los uros peruanos se aislaban y ocultaban del mundo en el lago, donde se dedicaban a la pesca. Hoy buscan integrarse a la economía a través del turismo, la carta a la que la comunidad lo ha apostado todo.

El Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, recibe más de 750.000 visitantes cada año y, después de Machu Picchu, es la atracción turística más conocida del país, así que no resulta extraño que sus habitantes quieran beneficiarse.

Sobre todo cuando, como los uros, cuentan con algo que los hace únicos y les ha dado un lugar en los libros de historia: las islas que ellos mismos fabrican con totora, un junco que usan tanto para levantar sus casas como para comerlo cuando está fresco.

Como Bernabé, la mayoría de los uros prefiere residir en el Centro Poblado Uros Chulluni, un conjunto de100 islas al que se llega tras media hora en lancha desde la ciudad de Puno. Un lugar con escuelas, una posta médica y hasta iglesias evangélicas donde más de 3.500 familias intentan vivir del turismo.

Aunque pocas lo consiguen.

La competencia es dura y se libra en varios frentes. Hay peleas entre familias y entre islas, una guerra de comisiones y, como pudo comprobar BBC Mundo en una visita el pasado enero, hasta impostores que complican el desarrollo de esta industria.

Rodeada de nubes gigantes que se reflejan con nitidez sobre el lago, la vida en esta Venecia andina no es tan pacífica como parece.

Un pueblo "objeto"

Alexandra Miller y Grace MacGillivray tienen un itinerario ajustado, pero han decidido desviarse más de 380 kilómetros de su destino, Cusco, "solo para ver las islas".

Las dos neozelandesas de 21 años aguardan emocionadas en un pequeño embarcadero a que llegue la lancha que las llevará a Uros Chulluni, donde esperan pasar la noche como un uro más.

Bernabé, que parecía querer ayudar a las jóvenes, pierde el interés al darse cuenta de que ya tienen todo reservado. Él, de vez en cuando, también aloja turistas en una de sus tres islas.

 Bernabé conduciendo su lancha
Bernabé Coila nunca ha vivido en tierra firme, cree que no se acostumbraría. (Foto: S. G.)
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