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Miguel Etchecolatz, el ladrón de niños “frío como un robot” que nunca se arrepintió y al que la justicia argentina autorizó a salir de la cárcel

Etchecolatz, de 88 años y condenado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad en la época de la junta militar argentina, podrá cumplir su pena en reclusión domiciliaria y bajo el cuidado de su esposa, una decisión que ha generado la indignación de los activistas pro derechos humanos en el país.

Un tribunal argentino decretó la salida de prisión y el paso a la situación de reclusión domiciliaria de Miguel Etchecolatz, de 88 años, antiguo responsable policial condenado a cadena a perpetua por crímenes contra la humanidad.

Etchecolatz era el máximo responsable de las investigaciones de la policía en la provincia de Buenos Aires entre 1976 y 1977, época en que gobernaba en Argentina una junta militar.

Confesó haber matado opositores contrarios al gobierno militar, aunque nunca aclaró a cuántos.

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Entre sus crímenes se incluye el robo del bebé de una pareja de activistas uruguayos.

En la resolución que le autoriza a pasar a cumplir su condena en su casa, el tribunal fundamenta su decisión en la "frágil salud" de Etchecolatz y establece que tendrá que llevar siempre consigo un dispositivo electrónico de localización.

Se permitirá a su esposa que cuide él durante su reclusión domiciliaria.


¿Quién es Miguel Etchecolatz?

  1. Mano derecha del general Ramón Camps, exjefe de la policía de Buenos Aires.
  2. Estuvo a cargo de 21 centros de detención.
  3. Condenado a 23 años de prisión en 1986 por detención ilegal y desapariciones forzadas. Una amnistía permitió su puesta en libertad.
  4. En 2006, después de que se derogara la ley de amnistía, fue condenado a cadena perpetua por secuestro, torturas y asesinato, así como crímenes contra la humanidad.

La decisión judicial de permitir el traslado de Etchecolatz de la prisión a su casa ha causado indignación entre los activistas pro derechos humanos en Argentina, que han convocado manifestaciones de protesta.

En una entrevista concedida este año a la revista argentina Anfibia, la hija de Etchecolatz, Mariana, expresó su deseo de que su padre permaneciera en prisión durante el resto de su vida.

Lo describió como un "malvado narcisista sin escrúpulos".

Mariana, de 47 años, dijo que se había cambiado el apellido porque no quería tener nada que ver con su padre.

Él es "frío, como un robot".

En los 21 centros de detención clandestinos que Etchecolatz dirigió en los años de la junta militar, muchos internos fueron torturados o asesinados. Otros fueron desaparecidos sin que se sepa qué suerte corrieron.

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También era el mando al cargo de las fuerzas policiales durante el episodio que en Argentina conocen como "la Noche de los lápices", en la que diez estudiantes fueron secuestrados por fuerzas de seguridad en la ciudad de La Plata cerca de Buenos Aires en septiembre de 1976.

Seis de ellos desaparecieron. Los cuatro sobrevivientes del grupo contaron que sufrieron terribles torturas.

Por su papel en aquel episodio y otros crímenes, Etchecolatz fue condenado en 1986 a 23 años de cárcel, pero la aprobación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final le permitió beneficiarse de una amnistía.

En 1997 publicó un libro en el que no mostraba ningún arrepentimiento:

"Nunca tuve ni pensé, ni me acomplejó culpa alguna… ¿Por haber matado? Fui ejecutor de la ley hecha por hombres. Fui guardador de preceptos divinos. Por ambos fundamentos, volvería a hacerlo", escribió entonces.

 Etchecolatz sentado en el banquillo durante el juicio que le condenó.
Miguel Etchecolatz nunca ha mostrado arrepentimiento.

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