"Yo soy muy Barranquillero y no puedo permitir..."

"Hay un tonto orgullo en el barranquillero que cree que querer a su ciudad es tapar las cosas malas que hacen los propios enemigos de ella": Marco Orozco

Por Marco Orozco

En la última columna en Última Hora Col, titulada “Periodismo, la vergüenza de Barranquilla”, hubo una respuesta en los comentarios que me llamó la atención. Una persona decía “¿por qué hablas mal de Barranquilla? ¿Acaso no quieres la ciudad?”. Y empecé a cuestionarme lo curioso de esa reacción.

Resulta que en la percepción de esta persona probablemente el problema de fondo no es la corrupción y el periodismo manipulador, sino quienes lo denunciamos.

Hay un tonto orgullo en el barranquillero que cree que querer a su ciudad es tapar las cosas malas que hacen los propios enemigos de ella. Si en el resto del país piensan que aquí estamos curtidos de políticos corruptos y periodistas vendidos, que lo piensen, porque así lo es.

Mal haríamos en quedarnos callados y dejar que nuestra ciudad siga siendo violada impunemente.

Un verdadero barranquillero no puede permitir que la ciudad se convierta en un paraíso para un par de familias y cada vez más en un torniquete de impuestos para muchos. Entendamos que nuestros enemigos están adentro y dejémonos de fanatismos estúpidos.

No confundamos hablar mal de la ciudad con hablar de los que le hacen mal a la ciudad. Son dos cosas distintas.

La olla podrida se destapó y el olor llegó muy lejos, no hay como pararlo. Hay que detenernos, hacer un acto de consciencia y ver si como ciudadanos le hacemos bien a la ciudad callando los pecados o reconociendo que, aunque hoy tenemos una ciudad más bonita, las políticas no están resolviendo las necesidades más importantes como la pobreza, oportunidades de empleo, seguridad, movilidad, inclusión, entre otros.

Marco Orozco / @marcorozco1

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