“El coronavirus no nos matará, pero el hambre sí”: voces del pueblo wayúu en La Guajira

Dos menores de edad fallecieron por cuadro viral. Líderes y expertos hablaron del drama social que padece esta comunidad en medio de la cuarentena. La falta de agua, infraestructura en salud y el comercio empeoran la situación. Hicieron un llamado al Gobierno nacional.

Por Lina Robles

Después de una carta enviada al presidente Iván Duque, antes de la cuarentena, el pueblo wayúu se quedó esperando una respuesta que nunca llegó, en medio de la crisis ante la propagación del COVID-19. Desde hace dos semanas varias comunidades, en acciones que calificaron como “espontáneas” comenzaron a bloquear vías y a organizar retenes para exigir la atención del Gobierno Nacional. El mensaje ha sido enfático.  “No hemos recibido las ayudas. Dijeron que iban a venir y no llegan. Tenemos hambre. Nos estamos ayudando entre todos pero no soportaremos mucho tiempo”, dijo a PUBLIMETRO Lorena Pushaina, líder social, dedicada a la pesca en la ranchería La Cachaca, cerca de Riohacha.

La cuarentena no pudo llegar en un peor momento a estas comunidades en medio de un intenso verano, uno de los más largos, en esa época del año, lo que agudiza aún más la situación. El pasado fin de semana se confirmó la muerte de dos menores de edad de una misma familia, al parecer, por un cuadro viral. Pertenecían a la comunidad indígena de Jiwalain, kilómetro 121 de la línea férrea, jurisdicción del municipio de Uribia.

“La carencia de vías, agua potable y alimentos es una realidad. Me están comunicando las autoridades que los precios de los alimentos están muy elevados. Venden a 6 mil pesos la libra de arroz de baja calidad en lo más profundo de La Guajira. El abastecimiento no está llegando. Debido al verano intenso, no hay agua, no hay productos como frutas, cerezas o iguarayas, la cosecha ya pasó. Los animales pasan trabajo, escasea la leche. La pesca es la única opción posible. La situación es dramática”, contó a este medio el antropólogo y autor guajiro Weildler Guerra.

Las autoridades tradicionales han señalado que no están exigiendo los recursos del resguardo sino las ayudas prometidas por el gobierno nacional para aliviar los efectos de la cuarentena.

“Las ayudas no llegan, pero cuando vienen los candidatos a pedir el voto sí llegan a todos los pueblos y veredas. A la hora de ayudar no pueden llegar. Ellos no están reclamando el dinero del resguardo sino lo anunciado por el gobierno y la gente se provecha”, afirmó la abogada escritora wayúu, Estercilia Simanca Pushaina, residente en Maicao.

La COVID-19 transforma costumbres milenarias

El antropólogo Guerra ha podido observar cómo de acuerdo a la nosología (clasificación de enfermedades) los wayúu catalogaron la COVID-19 como una “aleeyajawaa” o peste, una enfermedad angustiante. “La mujer chamán advierte al pueblo de un encuentro con un ser o espíritu patógeno y se realizaron las danzas ceremoniales lo que movilizó a la comunidad para tomar conciencia del riesgo. Así se despiertan conductas y la metáfora sirve como mecanismo”.

Hace varias semanas un grupo de mujeres cerca a Riohacha, en la comunidad de El Horno, entre ellas, Grecia Deluque, de 89 de años, una sanadora wayúu, tuvo una revelación en medio de un sueño, que fue transmitido por su nieto Lizandro Epiayú, con la llegada de un espíritu. Se han reportado a otros abuelos que han tenido el mismo sueño. Por ello en varias comunidades se bailó la yonna y se realizó el toque de la kasha, entre otros rituales.

“Siempre he sido crítica. Acá dicen que ya pasamos por la parvovirosis y otras pestes. Entonces dicen“mi abuela tuvo un sueño” y bailan la yonna. Yo me pregunto porque no bailan por la hambruna. El hambre nos mata antes que el coronavirus, porque el hambre ya está instalada”, opinó Simanca.

Teniendo a  Venezuela como territorio vecino es otra alarma ante la propagación del virus, debido a la falta de infraestructura en salud que sufre la República Bolivariana, en medio de su bloqueo económico.  “Es una posibilidad que el virus llegue por la frontera. Frenar el tránsito milenario de la comunidad no entra en la agenda. Sobre todo en la alta Guajira donde el colegio queda en Venezuela y la casa en Colombia”, explicó Simanca.

Sin embargo, la mayoría coincide en que el departamento de La Guajira saldrá adelante contra la enfermedad, precisamente por la dispersión y el tránsito que ha mantenido ancestralmente su población. “Nuestra misma dispersión nos ha servido. Ahora mismo no estamos reuniéndonos en los  velorios. El muerto va para el suelo. No celebramos esta actividad social, ni lloramos en grupo para disminuir el acercamiento y eso lo ha entendido la comunidad y si hay un muerto se entierra sin las reuniones”, detalló la abogada.

Los retenes

Las autoridades wayúu esperan que los retenes sean minimizados, sin embargo aseguran que por ser acciones involuntarias son difíciles de controlar en cada poblado. La comunidad siempre se ha mantenido sin un liderazgo en los clanes que tienen su organización autónoma.

“Los retenes son reacciones espontáneas y no planeadas. Por la cuarentena los wayúu no tienen acceso al mercado para la venta de sus productos y no saben cómo articularse. Optan por la carretera y la cabuya. No estamos de acuerdo con la detención de las ambulancias y los vehículos con alimentos. Sabemos que existen muchos repatriados wayúu de Venezuela que no tienen respeto a la autoridad pero llevarlos presos o enviar al ESMAD no es una solución que debe ser resuelta por los palabreros”, concluyó Guerra.

Las cifras:

Hasta el cierre de esta edición dos casos de coronavirus se ha registrado en La Guajira, uno ya fue recuperado.

De acuerdo a cifras de la ONIC los wayúu representan el 19,42% de la población indígena de Colombia. La población wayúu que habita en zonas urbanas registrada son 33.038 personas.

El Censo DANE 2005 reportó 270.413 personas que se reconocen como pertenecientes a pueblo wayúu, cifra que posiciona a este pueblo indígena como el de mayor cantidad de población del país.

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