Abro los ojos y en Twitter descubro un link a una entrevista que en 1991 le hiciera Gabriel García Márquez al cineasta Akira Kurosawa. En 6 horas de conversación, los narradores geniales tocan temas como la bomba atómica (Gabo destaca la importancia de la energía nuclear) y las adaptaciones a otros medios (a las que teme Gabo basado en su propia experiencia con ellas y Kurosawa le explica las diferencias entre la palabra y la imagen cinematográfica).

Al terminar recuerdo que hoy es la primera vez que el texto de Cien Años de Soledad es legalmente distribuido en formato digital. Las páginas de papel y las pantallas se han llenado en las últimas horas con notas que hablan del evento. Nos dicen que es un regalo de cumpleaños que le hace Carmen Ballcels, esa amiga que lleva más de 50 años velando por los intereses del escritor, y que a cuentagotas ha permitido que los textos de nuestro premio Nobel vayan entrando al cauce de lo digital pues “el libro electrónico es un mercado sin fronteras y todo se hará despacio. No se puede entrar en ese delirio del mundo de la edición contribuyendo al nerviosismo que lo circunda”.

Todo se hará despacio. Y sin sobresaltos (como cantaría Soda), pues esta incursión al mundo digital tiene de “revolucionario” salir con la carátula original (un barco encallado en la selva colombiana). Caramba.

A los 85 del autor, 60 de publicar su primer cuento en El Espectador, 45 después de publicar por primera vez Cien Años... en Sudamericana (hoy Random House Mondadori RHM), 30 de ganarse el Nóbel, 10 desde que lanzó el primer tomo de sus memorias. Tantas coincidencias y aniversarios no podían sino ser marcadas con entrar de la mano de Ignacio Latasa (director de Leer-e y promotor del cambio de paradigma de papel al píxel), el Ministerio de Cultura Español y su nueva casa editorial impresa (RHM tiene ahora los derechos luego que Norma cerrara su línea de literatura), al mundo digital.

Así que, salgo virtualmente a comprar el tomo. Tras de mí, en los estantes de mi biblioteca, observan mis acciones dos ediciones en papel, una comprada antes de dar una conferecia en Madrid y otra que casi no me vende un señor en Valparaíso porque “era muy vieja y tenía una mejor”. Las dos tienen la carátula blanquiazul, que en mi memoria es importante pues fue la que ví en manos de mis padres. Recuerdo navidades barranquilleras en las que mi abuelo abrió un paquete y encontró lo más reciente de Gabo; después, junto a mi hermano, escuchábamos una sobremesa entre mi abuelo y mi padre sobre el escrito, salpicado de una gran dosis de historia política y comentario social... pero bueno, basta de recuerdos.

Entro en la página española en la que a gran tamaño anuncian la edición digital. Paso varias pantallas y doy mis datos (sí, creo que Gabo no estaría feliz de saber que hoy nadie es feliz e indocumentado si quiere comprar un libro electrónico), y me estrello contra la pared del CIF/NIF. Uso Google y descubro que es un documento español para impuestos. Lo cuenta otro frustrado comprador en un foro que, cuando le preguntan si estaba pidiendo trabajo, responde que simplemente quería comprar una agenda de... Mafalda.

Ante la imposibilidad, dirijo mi navegador a Estados Unidos y busco en Amazon y al parecer no les ha llegado o no han actualizado el catálogo pues no me lo ofrece. Así que paso a una librería colombiana que venda eBooks y luego de dar mis teléfonos y dirección en un formato largo, al momento de hacer el check-out el sistema hace un crash y me informa que no se puede vender.

30 minutos después que iniciara mi recorrido le pregunto a la gente (Twitter) si han podido comprarla, y dónde. Me responde @caritoseria que está en una tienda inglesa. Leo con algo de tristeza pues, aunque saltara con mi navegador a Londres, vería que tampoco sirve pues no tengo tarjeta británica. Así que, iluminado por la posibilidad de usar otra nacionalidad, entro a otra tienda digital, esgrimo un documento de pago extranjero y, voilá, el libro entra a mi iPad. Me pregunto si algún otro colombiano aguanta el proceso o simplemente se desvía por la ruta y... En fin.

Esta engorrosa experiencia difiere tanto de lo que, por ejemplo, fue comprar el último libro de Pico Iyer, The Man Within My Head. En Diciembre del 2011 me llegó un correo de Amazon diciendo que, como sabía que me gustaba Iyer me recomendaban su próximo libro, publicado en digital el 3 de Enero. Si daba clic a un link aceptaba el cargo a mi tarjeta y el día que el texto saliera se me entregaría sin hacer nada más, pues el Kindle recibiría el libro mientras yo lo estuviera usando. Y así fue. (Nota al margen: en este texto Iyer habla de Graham Greene, el hombre que le enseñó a Gabo la importancia de escribir sobre la vida triste en los trópicos, según cuenta en una entrevista del 73 con William Kennedy).

Si la experiencia de compra decepcionó, la edición lanzada no es nada especial. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el” ebook.

Horas antes del lanzamiento El País aseguraba que “en el proceso de edición de la novela ha estado implicada Balcells, quien, por ejemplo, pidió que la letra de presentación del libro electrónico fuera un poco más grande de la habitual. Además, cuenta Latasa, “se han extremado las atenciones en el trasvase del texto a digital, los márgenes están equilibrados y el interlineado es más cuidado”.” ¿Y eso, como dónde se aprecia? En mi dispositivo todo se comporta como otro ePub genérico. Con menos revuelo Odyssey Editions lanzó Ficciones de Jorge Luis Borges en el 2010, junto a Enhanced Editions. (Para los que vayan a gritar horrorizados: sé que esa fue una jugada de un zorro editor, Andrew Wylie en asocio con Amazon. En el mundo editorial causó estragos, pero para los mortales es... un libro de Borges que existe en digital desde entonces; punto.)

Si Cien Años hubiera sido lanzada antes, cuando los lectores electrónicos eran novedad mundial (década pasada, cerca del 2006), tal vez no sería tan decepcionante. Pero hacer esperar tanto y anunciar de tal manera el lanzamiento de un facsimilar (carátula incluida) de la edición de papel no se sostiene en el 2012, luego que Faber lanzó y deslumbró con su The Waste Land (de T.S. Eliot), Penguin hizo lo propio con Ayn Rand y su Atlas Shrugged, y al  llevarnos al lado de Jack Kerouak con su edición para medios digitales de On The Road (la editorial las ha llamado ediciones amplificadas por su contenido multimedia y son diferentes a las que han llamado enriquecidas que simplemente tienen contenido extra). O la misma Random House nos deleitó con su The Magic of Reality, el último libro de Richard Dawkins ilustrado por Dave McKean. El 2011 demostró que la literatura se puede volver digital, y esto no ha de ir en detrimento del texto. En los casos anteriores se mantiene y cuida (si ven la versión online de este texto los llevo a videos de los libros), pero se amplifica. Eso si que hubiera marcado un punto de quiebre para la narrativa en español: una edición conmemorativa que marcara tantas fechas especiales.

Se cumplió con el regalo pero no se sorprendió con él. Silenciosamente la edición entrará en las bibliotecas digitales con el nihil obstat, pero con la sensación de que hubiera podido ser más completa y atractiva, una que abriera el mundo de Gabo con su texto más celebrado a este universo multimedia y nuevo. Se retrasó la entrada de lo digital a Macondo, la aldea que nos cuenta su autor fue influída definitivamente luego de habérsele regalado un laboratorio de alquimia. Imaginen lo que harían si alguien les descubre los píxeles y las conexiones de hoy.

En fin. Tal vez hubiera sido un más sentido y sencillo regalo abrir un sitio web oficial para Gabriel García Márquez. Es triste buscar su nombre en la web y siempre llegar a Wikipedia como el punto de partida sobre el autor. Pero bien, quién soy yo para saber... Capaz lo guardan, con paciencia, para otra fecha.