Estoy escribiendo esta columna desde mi celular, en la mitad de la calle, en pleno Copacabana. Mientras este país se mueve en torno a los Juegos Olímpicos, yo me muevo en torno a los sueños, porque nada ocurre porque sí y porque los sueños se pueden cumplir.

He visto a mucha gente sentarse a quejarse con Dios y con la vida, porque nada de lo que esperan ocurre y es la peor actitud que pueden tomar, es la que, al final, impide que suceda la magia. No solo tenemos que hacer que las cosas pasen, luchando por ellas, haciéndole caso a la intuición, dejando que el universo, Dios o como usted prefiera llamarle a esa fuerza superior, conspire.

Tenemos que agradecer por cada circunstancia de vida, no importa que nos agrade o no, no importa si llena nuestras expectativas, porque la mejor manera de hacer que una cometa vuele alto es soltando la cuerda. Ir caminando, creyendo profundamente en que todo es perfecto tal y como es, en que no vale rendirse, en que un tropiezo es solo un aprendizaje, en que un logro es solo un escalón más y en que no hay imposibles, es la clave.

Tardé 28 años en volver al país que me vio crecer, siempre quise venir, pero la vida me llevó por otros rumbos. Cuando pensé que este año tampoco pasaría, una llamada me sorprendió, una invitación apareció y entonces supe que esta vez había usado toda mi energía positiva, todo mi agradecimiento y mi fe para que todo se diera. Los sueños no tienen fecha de caducidad, ustedes no pueden darse por vencidos, ¡sigan creyendo y todo lo que esperan sucederá!

Yo aprovecharé esta oportunidad al máximo, hagan lo mismo.

Feliz fin de semana.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.