¿Se imaginan poder ser capaces de imprimir un par de zapatos?, de hecho ¿se imaginan tener una cita muy importante e imprimir la ropa en la comodidad de sus casas? La impresión en 3D es una de las técnicas que cada vez están acortando la brecha de la utópica ficción de las películas que describen el futuro con la realidad. Sin embargo, el uso de esta técnica no es algo de hace un par de años, sino una tecnología que se consolidó hacia los años ochenta, pero que con el tiempo se ha ido afianzando y extendiendo a varios sectores como la construcción, el arte, la ciencia y la moda.

Algo que tienen en común Alexander McQueen e Iris van Herpen es el título de precursores del uso de la impresión 3D en piezas de sus desfiles. En 2010, Alexander McQueen envió a su pasarela de primavera a varias modelos con zapatos impresos en 3D que simulaban el exoesqueleto de los corales en sus plataformas, en colaboración con Janina Alleyne, mientras que Iris van Herpen experimentó con un vestido hecho bajo esta técnica –siendo el primero en 3D– en la semana de la alta costura de París.

Los intentos en el dominio de la impresión 3D en la moda fueron tan exitosos como la aparición de la máquina de coser y con un potencial tan revolucionario como la misma. Este año la temática del Met Gala fue muy confusa para muchos debido a que esta revolución tecnológica –y que algunos llaman futurista– no refería a un cambio de estilo muy ‘Supersónicos’ sino a la inclusión de la tecnología en la producción de estos. La gran gala dejó muy claro hacia dónde va la directriz de la moda; vestidos con luces, atuendos hechos a partir de productos reciclables, tecnología láser que armaban diferentes piezas del vestido y, por supuesto, flores impresas en 3D que adornaban el hermoso vestido de Peter Piloto.

Imaginemos ahora que dicha tecnología llega a cada esquina del planeta y la ola del consumo lleva a las grandes tiendas a vender estas impresoras en 3D para uso personal. Estamos hablando de configurar un dispositivo para que nos haga ropa con medidas exactas, en menor tiempo que un sastre y sin derrochar cantidad de materiales. Imaginen además tener la capacidad de que cualquier diseñador del mundo te haga un diseño exclusivo y te lo envíe por e-mail, ¿no creerían que mas de una organización en pro a la sostenibilidad abogaría por el uso de estas? Sin embargo, la gran negativa de estas impresoras 3D yace en la rigidez de los materiales. Por el tipo de construcción de piezas que ofrece esta tecnología, los resultados se limitan a ornamentos tales como accesorios, zapatos, apliques y demás, apuntando los esfuerzos a obtener la flexibilidad y/o suavidad que tienen las telas como la seda o licra.

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 fueron un indicio de que la tecnología e indumentaria –deportiva, por lo menos– se están entrelazando para crear piezas de gran diseño y funcionalidad. Uno de los debutantes de este gran evento mundial fue Nike, que creó, o mejor dicho imprimió, un par de zapatos con proyecciones en silicona que les daba mejor aerodinamismo a los corredores. Y aunque varias personas opinaban que estos materiales podían dar “más ventaja” frente a sus competidores, sean países o piezas deportivas, es importante recordar que no estamos hablando sobre el uso de materiales diferentes a los permitidos, sino la forma de la producción. Al final, no es el equipo, sino el deportista.

Aunque todo esto suena atractivo para la industria de la moda, es claro que falta un gran, gran camino por recorrer. Llegar a tener aparatos que nos permitan imprimir cualquier clase de prenda en nuestro armario, con un toque de exclusividad y que nos quede como anillo al dedo en un abrir y cerrar de ojos, es uno de los grandes sueños y retos para la tecnología y la industria; sin embargo, ¿sería el fin de los sastres?, ¿del trabajo manual?, ¿de los grandes almacenes de cadena?

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.