Esta semana se dio a conocer el ranking universitario QS, que en Latinoamérica pone a la Universidad de Buenos Aires en el puesto 85 y a la Universidad de São Paulo en el 120, como los centros académicos líderes de la región. La noticia, inadvertida en el país, deja ver que es mucho más importante el listado del rating de RCN y Caracol que la posición que ocupan a nivel mundial la Universidad Nacional (269) o Los Andes (272). ¡No hay drama! Tiene más audiencia el gol de Neymar a Colombia en eliminatorias que los estándares educativos en el país.

Pero la educación, al igual que la cultura, son campos en los que no se debe parar de luchar. Si alguien decide invertir en una carrera profesional, en un segundo o tercer idioma, en un posgrado, resulta tan enriquecedor como comprar la entrada para una obra de teatro, una película, un espectáculo de baile o un libro, todo suma. Además, con las nuevas plataformas, querer aprender es cada vez más una cuestión de decisión que de acceso.

Ahora, eso no significa que al Estado haya que dejarle de pedir más inversión en las universidades o más dinero para espacios culturales, no, se trata de seguir luchando, sin dejar la crítica que construye, pero acompañar esa crítica con soluciones. El conocimiento no debe ser egoísta porque la información es para debatir, para construir a partir de otras opiniones, para investigar, para seguir aprendiendo y de allí que las nuevas tecnologías resulten ser una oportunidad y una salida que estimula el aprendizaje.    

Por eso, mi más apasionante reto lo he encontrado en la academia, porque en vez de buscar idealizar oficios como el periodismo o campos como el de la cultura, me ha servido como espacio de aprendizaje, un aprendizaje que se ha fortalecido desde que cumplo la función de enseñar. ¿Cómo X medio pudo confundir un género periodístico como la crónica y desdibujarlo en una publicación? ¿Cómo aquel periodista se burló del arte sin siquiera contrastar las fuentes? ¿Problema de los medios? ¿Problema del enfoque? ¿Crisis de las historias? ¿Culpa de los periodistas?

En realidad, cualquier pregunta que surge en un espacio académico es una oportunidad para escuchar opiniones, para entender que existen miles de maneras de ver el mundo y que no solo se trata de decir qué estuvo mal, sino en proponer cómo pudo haber estado mejor.

Mi esperanza está en que todos los jóvenes que sueñan con un periodismo riguroso, que les dé importancia a las historias y a los enfoques, nunca se lleguen a decepcionar con su profesión, porque aunque encuentren en los medios dinámicas que contaminan el trabajo, como los intereses económicos, la importancia del clic o las extenuantes jornadas de trabajo, deben comprender que la disciplina, la constancia y lo que aprendieron en la academia los hará diferenciarse y cambiar la lógica errada de decenas de periódicos impresos, páginas web de noticias, emisoras y canales de televisión.  

Me he parado en ambas orillas, entiendo a los medios, sin justificarlos, pero también confío en que la academia no se quedará solo en los artículos académicos, en las tesis de anaqueles o en las conferencias, sino que en algún momento aquellos que hoy están en un salón de clases pasarán al oficio diario de contar historias y cambiarán, en un tiempo prudencial, la manera de hacer periodismo.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.