En recientes declaraciones, el exjugador y seleccionador brasileño Carlos Caetano Bledorn Verri, «Dunga», señaló que “el objetivo del actual técnico de Colombia es conseguir cambiar la mentalidad del jugador colombiano”. Ese jugador que por momentos es brillante y por momentos cae en el escándalo; que deslumbra por su talento dentro y fuera del país, pero que en minutos se encandelilla y echa todo por la borda con una acción irracional. Ese es quizás uno de los grandes pecados del futbolista colombiano, su cabeza, que en ocasiones, es más voluntariosa que sus pies.

En la actual generación de jugadores colombianos que se destacan en el fútbol internacional hay un cara y sello claramente marcado; dos jugadores extremadamente talentosos y triunfadores, pero cuyo éxito se está viendo trazado por su comportamiento, su forma de asumir su vida dentro y fuera de la cancha. Tal es el caso de Teófilo Gutiérrez y de Falcao García. El primero arribó a Racing de Argentina siendo ídolo y goleador, en sus primeras actuaciones demostró su peso en goles, pero poco a poco su figura se ha ido diluyendo entre los conflictos y las polémicas, hasta ser considerado hoy un problema incómodo dentro del equipo. El segundo fue el máximo goleador de la Europa League la temporada pasada con el FC Porto, por lo que fue fichado por el Atlético de Madrid por 40 millones de euros. Hoy es uno de los ídolos del cuadro ‘colchonero’, líder de la selección Colombia e ídolo del grupo que sueña con llegar a Brasil 2014.

‘Teo’ es criticado incluso por sus mismos compañeros, en recientes declaraciones en Fox Sports Radio, su compatriota Giovanni Moreno indicó: “Teófilo Gutiérrez se está haciendo daño a él y a nosotros”. Mientras que Falcao ha sido elogiado por sus compañeros, su técnico e incluso por los rivales, hasta el técnico del Barcelona Pep Guardiola dijo acerca de él que es “el mejor jugador de área” en la actualidad.

Adicionalmente, Falcao se ha destacado por su buen comportamiento y excelente manejo de imagen, su disposición a atender a la prensa y a sus seguidores es innegable, y su seriedad y manejo intachable de su vida personal le han traído grandes satisfacciones. Es hoy la imagen de cuatro reconocidas marcas, que han encontrado en él esos puntos de contacto necesarios para conectar con sus consumidores y aumentar su afinidad. Estos dos jugadores son excelentes, goleadores, talentosos, jóvenes y han tenido la oportunidad de triunfar fuera de Colombia.  Sin embargo viven realidades muy disímiles, marcadas no por factores externos sino por su propia y autónoma capacidad de lidiar y asumir el mundo que los rodea.

Estas diferencias que trazan la línea divisoria entre unos y otros han sido una constante en la historia de los futbolistas del país. Cabe recordar al que es considerado por muchos el jugador más importante de la historia de Colombia, Faustino Asprilla. Un futbolista que con su desgarbada zancada y extraordinarios goles hizo soñar a un país y delirar a los hinchas en Italia, Inglaterra y Brasil, entre otros destinos donde estuvo. Pero al mismo tiempo el Tino, el gran Tino que tantas alegrías dio y repartió estuvo y ha estado de manera permanente en el ojo del huracán por su comportamiento. El episodio más reciente sucedió la semana pasada cuando la Gazzetta di Parma reveló que tras las investigaciones de la quiebra del Parma, once exjugadores están siendo investigados por el desvío de dinero y participación en la bancarrota de la institución; entre ellos se encuentran Asprilla y los argentinos Juan Sebastián Verón y Hernán Crespo.

Los escándalos han estado siempre a la orden del día en el fútbol mundial, pareciera ser parte de la naturaleza del jugador, como es el caso del legendario Paul Gascoine, bebedor y plagado de conflictos, o las sanciones y polémicas alrededor de figuras de talla mundial como el inglés John Terry o el francés Franc Ribery, entre muchos otros que han protagonizado las principales páginas de los periódicos deportivos y los tabloides del planeta.

El fútbol seguirá siendo el mismo juego, la bola seguirá siendo redonda y los jugadores irán y vendrán, pero serán aquellos que aprendan la destreza de jugar con la cabeza quienes seguirán marcando la diferencia.