Soy justo eso a lo que los puristas del balompié llamarían, con absoluta razón, “un pésimo hincha”.
Desde hace mucho el fútbol es algo que solo me interesa cuando la selección nacional o Millonarios tienen éxito (lo que en la práctica y en el contexto actual equivale a un ‘jamás’).
Lo sé y lo sostengo. El nacionalismo es la variable cosmopolita del provincialismo. Pero en deportes suelo ser patriotero. Peor: ¡localista! Por eso evado las tertulias, convites o debates a propósito del tema. La competencia produce muchos perdedores y un solo ganador. Y eso se me antoja malsano.
Desacreditar al opositor sin más argumentos que la pasión me resulta aburrido.
Hoy, aunque mi posición contradiga los códigos del deporte rey, confieso, sin temor, y movido por cierta humildad albiazul (si es que esta existe), que la victoria santafereña me alegra.
No pertenezco al ala radical embajadora, en donde lo único deseable para el competidor es la derrota. Supongo que las tribulaciones compartidas por décadas con nuestro rival de patio me llevaron a verlo más como un compañero de infortunio que como un contendor.
Por estas fechas, cuando la tristeza nos visita en forma tan asidua, no deja de ser reconfortante ver gente festejando.
Este 2012 ha sido, sin duda, anormal para El Campín. De tanto alimentar mi escepticismo con pruebas irrefutables, había perdido la fe en que McCartney desfilara por su tarima. Jamás creí que uno de los equipos tradicionales de Bogotá volviera a dar la vuelta en derredor de la grama, para oficializar la esquiva aparición de una estrella más, ya bordada sobre su escudo.
Lo tomaré como un triunfo bogotano. Como un bálsamo que paliará nuestro bajo amor propio y nuestra ancestral desconfianza en lo que somos.
Estaba cansado de que mi ciudad siempre perdiera. Durante todos los noventa elevé plegarias para que Millonarios obtuviera cuanto menos un título, lo que le garantizaría la marca inigualable de haber conseguido al menos una estrella en cada decenio, desde 1949 hasta el presente.
Eso no ocurrió. Y con ello una parte de mi fe se murió. Se murió de tristeza. Se murió de decepción. Muchas veces estuvimos cerca. Más que ellos, quizá. En 1996, por ejemplo. Incluso hace un año, cuando aquel 3-0 frente a Junior nos hizo pensar que la mesa estaba servida. Pero eso no cuenta.
¡Gracias, Santa Fe, por regresarnos algo de esa confianza extraviada! Ya era hora de que la capital refrendara una parte de su dignidad.
Quiero imaginar conjurada la maldición que desde 1988 pareció cernirse sobre este suelo. Sueño con que algún día, antes de que mi alma envejecida sea reclamada por lo inevitable, la ciudad se vista de azul, como hoy se atavía con galas cardenales. Felicito con franqueza (y no con diplomacia; ejercicio profesional y metódico de la hipocresía) a todos los rojos. E invito a los azules a replicar esta gesta. Mi espíritu ingenuo sonríe ante tan lejana esperanza.








![[Un tipo de datos] Las cuentas alegres de Colombia rumbo a Brasil 2014](/_internal/gxml!0/4dntvuhh2yeo4npyb3igdet73odaolf$ssax5zrk9wiemk1wpd9l3ppp7zkbcyh/ALFREDO-YACELGA.jpeg)
![[Un tipo de datos] Tras seis años de sequía, apareció Santa Fe](/_internal/gxml!0/4dntvuhh2yeo4npyb3igdet73odaolf$nziqn2chihtfiwmcthzkdn5nx2ya3ih/ALFREDO-YACELGA.jpeg)
![[Un tipo de datos] Millonarios, la ‘bestia negra’ de Alexis García](/_internal/gxml!0/4dntvuhh2yeo4npyb3igdet73odaolf$si8jrqdv78cf14b3fpncon2w73ml91o/ALFREDO-YACELGA.jpeg)
![[Un tipo de datos] Los siete de Wason a Santa Fe](/_internal/gxml!0/4dntvuhh2yeo4npyb3igdet73odaolf$ai9uczkkgi7zqkyqqgdscwk3rw9r7nl/ALFREDO-YACELGA.jpeg)























![[Caricatura] Triste motelucho](/_internal/gxml!0/4dntvuhh2yeo4npyb3igdet73odaolf$4rs0aaotewnpkeo73j7vstruy1je9bx/Screen-Shot-2013-06-12-at-7.jpeg)
![[Concurso] Te invitamos a Goldroom en Armando Records](/_internal/gxml!0/4dntvuhh2yeo4npyb3igdet73odaolf$fbosohratylvlyrwsqrwrxq227hfsch/GRBandA.jpeg)
