Si te tomas un momento para pensarlo, tal vez dar una mirada en las noticias de hace un tiempo, te darás cuenta de que las historias normalmente se repiten aunque con contextos y protagonistas diferentes, y si vas aún más atrás podrás ver que desde hace cientos de años vivimos el mismo problema: no nos permitimos valorar las diferencias de quienes nos rodean y simplemente los juzgamos por actuar o pensar diferente.

Estamos condenados a repetir la historia, una y otra vez, hasta que no hagamos conciencia de lo que vivimos y podamos permitirnos mirar un poquito más allá de nuestros prejuicios, y eso aplica a todo nivel.

Ahora que vivimos en un mundo donde tenemos mayor acceso al conocimiento y contamos con herramientas que nos permiten comunicarnos con mayor agilidad, parece que en vez de ayudarnos a entender un poco mejor a otros hemos usado este tipo de cosas para hacer que nuestras diferencias sean más grandes y profundas, a tal punto que a muchos no les basta con prejuzgar a quienes son diferentes sino que además desean inculcar el odio en todos los que los rodean.

Existe un inmenso valor en las diferencias, ya que nos permiten ver otras realidades sin que necesariamente las tengamos que vivir, aprendiendo de las experiencias de otros, entendiendo que el mundo es más grande de lo que hemos creído o nos han enseñado a creer. Sin embargo hay quienes parecen disfrutar vivir como un rebaño de ciegos ante cualquier otro tipo de realidad y han ayudado a convertir el mundo en el que vivimos en un territorio en donde lo que parece común a todos es que siempre hay alguien a quien odiar o alguien a quien discriminar.

Ya sea por la cantidad de posesiones que tenga, por su manera política de ver la vida, por su color de piel, sus creencias religiosas o por sus preferencias sexuales, siempre hay una nueva diferencia por la cual odiar a otros; y cuando las personas se unen para odiar a otras, bueno, cualquiera que haya leído algo de historia sabrá cómo terminan esos episodios.

Si matando a quienes son diferentes, aislándolos, discriminándolos o haciéndolos blanco de múltiples ataques se lograra solucionar algo, el mundo hace miles de años sería un remanso de paz, pero realmente estamos lejos de llegar a eso.

Tal vez sea tiempo de dejar nuestra ignorancia de lado y empezar a aprender un poquito de aquellos que creemos son diferentes a nosotros, o mejor, nuestra arrogancia, al creer que porque vivimos cierta condición o somos de cierta manera tenemos la verdad absoluta en nuestras manos, para empezar a entender que ninguno de nosotros somos la etiqueta que socialmente adquirimos o nos imponen, que podemos romper el círculo vicioso de discriminación y odio si entendemos que aunque existan mil diferencias que nos separen, solo necesitamos de un buen motivo para unirnos, y que cuando ese motivo es realmente puro y sincero, las diferencias dejan de ser un problema y pasan a ser una lección más.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.