Mañana estará sentado en el banco de suplentes del estadio El Campín, con gabardina, boina y de pronto un habano camuflado, Antonio Mohamed, el entrenador del club Xolos de Tijuana, uno de esos personajes divertidos que ha dado el fútbol en los últimos tiempos.

Mohamed es argentino y seguramente algunos recuerdan que fue el técnico que llevó a Independiente de Avellaneda a vivir la última gran luz en tiempos de pronunciadas sombras: fue cuando ganó la Copa Sudamericana derrotando al Goias brasileño en 2010. ‘El turco’ era un jugadorazo. Apareció en 1989 como titular en el Club Atlético Huracán en segunda división. Veloz, rápido, medias caídas y de extraños looks –tenía el pelo largo y usualmente utilizaba una balaca color rosa para que el pelo no le cayera sobre la frente– fue figura para el ascenso del “globito” a primera.

Era buen equipo ese Huracán. Tapaba el tucumano Puentedura –suplente de Fillol en River, tan calvo como yo–, Héctor Cúper –el zaguero que supo estar en Ferro y que luego fue exitoso entrenador– Fernando Quiroz –un muy buen volante 8–, Víctor Hugo Delgado –un 10 de los clásicos, de maravillosa técnica y cerebro encendido– Sergio Saturno –el mismo que anduvo en 1981 por el Bucaramanga y que se hizo famoso por hacer “bicicletas” jugando para Boca como puntero–… y, obvio, el buen ‘Turco’ Mohamed con su juventud arrolladora y su amor por Huracán, el equipo que le quitaba el sueño y del que era fanático furibundo desde la niñez.

Porque el gran amor de la vida de Mohamed siempre fue Huracán a pesar de que lo transfirieron a Boca Juniors. Su temor interno siempre fue enfrentarse al club de sus amores. No sabía cómo afrontar el reto de hacerle daño a lo que más quería. El fixture del fútbol argentino le puso esa prueba de fuego en 1992: Huracán visitaba La Bombonera. La leyenda dice que pidió no jugar ese día, que intentó hacerse el enfermo, pero no hubo opción: tenía que entrar como delantero titular sí o sí. ¿Entonces Boca para qué carajo lo había contratado si no era para marcar goles?

No tenía un buen partido ‘El Turco’. Sus excompañeros lo marcaban bien y él no se sentía cómodo en su rol de potencial verdugo. De pronto apareció una jugada por izquierda, tal vez del Betito Carranza: vino el centro rastrero pasado. El arquero de Huracán estaba tendido en el suelo, sin manera de detener lo inevitable y ahí frente al arco desguarnecido andaba Mohamed. Bastaba tocar la pelota y listo: gol y triunfo de Boca sobre Huracán. ‘El Turco’ llegó corriendo hacia la bola y la mandó afuera, pegada al palo. El partido terminó 1-1 y cuando los periodistas lo interrogaron por esa opción desperdiciada que le negó un triunfo a Boca Juniors en su casa, dijo: “Una parte de mi cuerpo no quería hacer ese gol, esa es la realidad”.

Así es Antonio Mohamed.

Por Nicolás Samper C. @udsnoexisten