Fue en un café de Santiago de Chile, durante la Copa América de 2015, que me puse a hablar con José María Yepes de la Torre. Él es periodista deportivo de Antena 2 y siempre ha estado detrás de la información del Atlético Huila. Nos encontramos y empezamos a hablar de las obras de remodelación del estadio Guillermo Plazas Alcid.

Me dijo, en aquel tiempo, que la remodelación estructural del estadio estaba cimentada en un presupuesto limitado, por lo que solamente se iba a hacer una parte de esta reforma, más exactamente en la tribuna de occidental, por temas de dinero. La suma –que si no me falla la memoria, rondaba los 20.000 millones de pesos– solamente alcanzaba para hacerle frente a ese punto de un estadio que, desde tiempos inmemoriales, se ha destacado tristemente por su decrepitud y por la poca atención gubernamental en torno a él. Aún la imagen del Atlético Madrid llegando al coliseo vetusto y al que con la visita del club español, tuvieron que ubicarle baños temporales, como los que se usan en los conciertos, ronda mi mente.

Las obras, lentas y sin mucho avance fueron llegando. Y en ese tiempo una persona que fue subcontratada por los encargados de la misión de volver a poner a punto el estadio me envió un correo electrónico contándome de los constantes incumplimientos de pago que había sufrido. Incluso me contaba que los diseños para las reformas fueron entregados en noviembre del año 2013 y que para agosto de 2015 aún no se había cancelado el 60% de ese contrato. Llamativo si se tiene en cuenta que una obra de esta magnitud debería arrancar cuando los recursos estén completamente garantizados o por lo menos exista un punto de equilibrio.

Por aquellos meses de agosto del año 2015 las obras tuvieron que ser suspendidas porque varios obreros sufrieron accidentes, cuenta habida de las pocas medidas de seguridad implementadas para los trabajos y el 13 de septiembre del año anterior hubo un colapso de la estructura que no dejó víctimas, pero que advertía de los peligros y de la improvisación de la obra.

Un día antes de que la estructura volviera a colapsar y que dejara un saldo de tres muertos, Simón Gaviria, director de Planeación Nacional, había visitado las instalaciones y estaba preocupado porque la obra parecía inviable, mal hecha y sin sustento real. No era la primera vez que Gaviria hablaba del asunto. En noviembre de 2015 también manifestó su inconformidad por cuenta de las calidades cuestionables en la edificación.

Todo este cronograma de locura indicaba que algo se estaba haciendo muy mal en el estadio Guillermo Plazas Alcid desde que se ordenó su recuperación. Fueron muchísimas alarmas en torno a una situación que, por supuesto, deja mal parada a la empresa encargada del mantenimiento y reestructuración del escenario –Consorcio Estadio– y, por supuesto, faltan muchas más explicaciones para comprender por qué una obra que tenía un valor determinado terminó costando mucho más –dicen que si se hacen cuentas bien hechas ya habrá 32.000 millones de pesos invertidos en algo que salió mal–.

Lo más triste de todo es pensar que tres vidas se perdieron y se pudo hacer algo para que eso no ocurriera. Es acá en donde el escenario del dinero termina siendo menor.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.