Cada nueva temporada en el fútbol es un poco como cuando uno se traza las metas del año que entra el 31 de diciembre entre calzones amarillos, ojos encharcados por lo que se fue y no regresará y voces atoradas de la mezcla que hacen buñuelo y uvas al tiempo. En el campeonato colombiano esa celebración de “año nuevo” se da cada seis meses y cada torneo que arranca resulta ser eso: un depósito de buenos deseos así la calle esté dura.

Y así ocurre siendo hincha: al no ganar un título en la primera parte de los 365 días del calendario, la esperanza se centra en ver si en los seis meses que restan del año futbolístico se logra configurar por fin esa extraña dicha que significa quedarse envuelto entre lágrimas mientras que los titanes del campo están dando la vuelta olímpica. Pero para obtener ese logro hay que trabajar. O mejor, los que conducen el fútbol del club de los amores tienen entre sus misiones buscar ser mejores y competitivos frente a los demás adversarios que estarán luchando por lo mismo: un campeonato.

Pero este “año nuevo” para Millonarios parece de esos en los que uno llega al 1 de enero sin empleo, sin plata y aún peor, sin ganas de cambiar el panorama. Eso de pensar que en Millonarios no se necesitan jugadores top para ser campeón es todo un despropósito y eso es lo que piensan sus dirigentes, es decir, los que dan la plata para comprar. Sin empezar a boxear tiraron la toalla frente a sus rivales: Cali se llevó a Aquivaldo Mosquera, Abel Aguilar y Mayer Candelo –el mismo que salió por la puerta de atrás de Millonarios por cuenta de las decisiones de escritorio y no por las futbolísticas–; Medellín fortaleció un grupo que ya consolidó una idea de juego; Junior, lo mismo… Nadie sabe si con esos esfuerzos tanto Cali, DIM o Junior sean campeones. Pero sí es cierto que, ante la magnitud de sus fichajes o de mantener una base con algunos retoques, los acercará mucho más al objetivo trazado.

Hoy en Millonarios la apuesta –que también puede funcionar, toda una paradoja– es apuntarle a la mediocridad del campeonato como base para alcanzar metas. Habiendo tanto club de relleno en una liga que si acaso soportaría 14 equipos y no el jurgo que existe hoy, pues se pueden tomar ventajas frente a ellos: vencer a los débiles –y ojo, que por ejemplo Fortaleza, aunque perdió en el debut, se reforzó con Ramos, Medina y un par mas, pensando en su objetivo personal, que es no irse a la B– y ahí, remando con brazos cortos, colarse entre los ocho.

Las incorporaciones fueron pocas, a destiempo y no tan acertadas, al menos en teoría. De pronto va y se enguaca la dirigencia y se lleva el campeonato. Nadie podrá saberlo hasta que concluya, pero las pistas que dejó Millonarios en el encuentro frente a Patriotas desdicen mucho de la idea natural de pelear con argumentos. Porque futbolísticamente hay poco y nada: la prueba de eso es que la jugada más clara de gol vino en los pies de Vikonis…

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.