Aunque la pregunta que hago es medio esnobista, lo que quiero entrar a debatir es si por estos días está mejor quedarse arrunchado en casa, en pantuflas, eligiendo algo de la oferta de Netflix, o nos aguantamos el trancón, la fila y el a veces extraño humor francés, para disfrutar del 15 festival de cine de ese país, que se toma 19 ciudades de Colombia. Aclaro, no pongo entre las opciones la pobre oferta de la actual cartelera de cine porque supongo que exhibidores y distribuidores están de vacaciones en alguna isla paradisiaca y dejaron encargado al pájaro mecánico que usa Homero Simpson cuando no quiere trabajar, y es él quien está decidiendo qué películas programar cada jueves.  

Suenan un poco desalmados mis comentarios sobre la selecta oferta hollywoodense en los centros comerciales, pero tengo que confesar que se deben a que he estado alejado de la ficción (incluso en la web) desde que todos los anuncios de YouTube tienen como protagonista el tema del plebiscito, ya sea con Cecilia Álvarez mostrando su ‘tumbao’ o con el discurso estilo ‘Ola Verde’ de la farándula criolla. Para completar fui nombrado, de nuevo, jurado de votación, así que como terapia quiero dejar de pensar en elecciones y cuestionar si ¿apoya usted que este fin de semana los bogotanos nos quedemos en casa viendo la programación de Netflix para un descanso estable y duradero? 

Entre los argumentos por el ‘sí’, están que las actuales plataformas de consumo no solo conquistan a las nuevas generaciones, sino que también los que no somos nativos digitales nos dejamos seducir por las bondades del “pongo pausa cuando se me dé la gana”. Y es que las ventajas son infinitas, porque el que se equivocó y eligió un ‘hueso’ de película, en contados segundos y con apenas dos clics tiene cientos de opciones que van desde una comedia gringa (para no pensar) hasta una buena opción del cine independiente.

Por el ‘no’, está la legítima defensa de quienes defienden que el séptimo arte solo se disfruta en pantalla gigante y que hasta el tipo que come palomitas al lado, que hace más ruido que los efectos especiales, es parte de la inigualable experiencia de ir a cine.

Ahora bien, el Festival de Cine Francés es una opción que por su calidad en oferta es digno rival de la productiva tentación de estar entre las cobijas. Así, y aunque esta bella ciudad tenga parqueaderos carísimos y filas de película los fines de semana, muchos queremos ser héroes valientes que llevamos a nuestros levantes o parejas a este súper plan. Por eso, ¿apoya usted salir a conquistar este fin de semana, a la antigua y con cine francés, para construir una relación estable y duradera que supere el publicitado mes de septiembre?

Por el ‘sí’, lo que enamora del Festival de Cine Francés es la calidad en la oferta, que como buen festival, incluye películas para todos los gustos y busca descentralizar los contenidos culturales para llegar a más poblaciones de Colombia. Exhibir las cintas en diferentes lugares permite que un festival cumpla su función de formar públicos que estén dispuestos a consumir cualquier tipo de cinematografía.

Por el ‘no’, el argumento podría estar enfocado en que el cine independiente que suele estar en estos festivales promueve el mensaje castrochavista, tan dañino para los grandes colombianos de este país. Créalo, en un festival como este los mamertos y los esnobs se reproducen y lo aburrirán en la fila dando su opinión del plebiscito (como yo).

¿Cine francés o Netflix? Mi consejo es que ambos, el viernes duerma bien en casa, arrunchado y el sábado gaste las boletas, que yo le pongo el ruido de las palomitas.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.