Me gusta vivir en Cedritos, es una zona de la capital en la que encuentro todo muy cerca y se siente como una enorme comunidad. Elegí un piso alto, porque pensé que ahí encontraría el silencio y la tranquilidad que necesitaba y a la que he estado acostumbrada en La Calera, pero no es nada parecido.

Como hay cada vez más edificios, cualquier sonido retumba como si estuviéramos en una ‘Media Torta’ y hay un ruido que les gana a todos: el pito. Se supone que el pito es un accesorio del carro que se usa en caso extremo para alertar, pero los colombianos los usamos porque sí. Los usamos para recordarle al de adelante que dentro de unos segundos el semáforo se pondrá en verde, lo usamos para decirle al peatón que cruce rápido, para que el de la bicicleta se asuste, el de la moto se orille; en fin, es como una mala costumbre que genera contaminación auditiva a niveles altos, sobre todo cuando son las seis de la mañana y algunos apenas estamos abriendo un ojo.

 La gente adicta al pito cree que el único que lo escucha es el de adelante y quiero informarles que no es así, si hace sonar el pito, cientos de personas se verán afectadas varias cuadras a la redonda, por lo que les recomiendo dejar esa manía y ser más conscientes de los demás. Haga el ejercicio un día, revise cuántas veces y por qué motivo lo hace y saque conclusiones.

Feliz fin de semana.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.