En los Juegos Olímpicos rezamos para escuchar el himno nacional y sentir con furor un pasajero sentimiento nacionalista, al tiempo que criticamos la actuación de aquellos a quienes la suerte no los acompañó. ¿Acaso se nos olvida que perder también es ganar un poco?

Es inevitable querer todo fácil, el entretenimiento nos ha mal acostumbrado y en menos de dos horas esperamos el final feliz para los héroes de las películas, en algunos meses que la suerte les llegue a los protagonistas de las telenovelas y hasta sentimos que la gloria aterriza a nuestras vidas junto a Pokémon Go. Si no sucede, nos lanzamos a gritar –vergüenza– en casos como las derrotas de la selección de rugby de Colombia en Río, tal como lo leí hace unos días en redes sociales.

¿Qué nos pasa? Debemos ver más cine independiente y menos princesitas de Disney para no juzgar el dolor en la última escena, dejar a un lado Twitter para criticar y más bien curar la pereza haciendo al menos el 1% del esfuerzo que dejan los campeones que están en Río. ¡Salga del sueño! Es pura ficción pensar que siempre se cae de pie y que solo el éxito debe aplaudirse, más aún en campos tan nobles como el deporte, con lo que se debería celebrar como triunfo cada aliento de nuestros atletas.

Así y aunque el rating hoy se prenda con lo que pasa en Río, hay que ir más allá de pensar que solo la ficción del triunfo es la que vende y aprender a valorar también los obstáculos, los errores y los pasos en falso. Pero como esta columna es de cine, usemos la ficción para el podio de la cartelera de cine, según el gusto de este servidor:

Medalla de oro

Saudó, laberinto de almas. Esta película colombiana no es la joya de la corona, pero demuestra que el cine colombiano se está arriesgando a explorar géneros como el terror, para salirse de la comodidad de lo que ya se sabe hacer, con el firme propósito de buscar nuevos públicos que estén dispuestos a pagar una boleta por entretenimiento, miedo y buenas actuaciones.

Medalla de plata

Icaros, la película de Leonor Caraballo y Matteo Norzi, que estuvo en la más reciente edición del IndieBo, es una buena excusa para apostarle a una producción que no es comercial pero toca un tema llamativo, como lo es el consumo del ayahuasca como manera de explorar el campo espiritual. Aunque la cinta peca por el tono ‘turístico’ de la bebida, plantea una mirada necesaria de cómo el también llamado yagé es visto.  

Medalla de bronce

Escuadrón suicida llegó con fuerza a la taquilla colombiana sin convencer a sus fans de la calidad de la cinta. Pese a que apenas logra entretener a expertos, es una opción aceptable dentro de la pobre oferta que los exhibidores ofrecen por estos días. Tendremos que esperar a nuevos festivales para ver de nuevo contenidos de alta calidad estética y narrativa.

Diploma

La inauguración de los Olímpicos de Río fue toda una ficción digna de admirar. Muy emotivo el espectáculo musical y el mensaje de cuidar la Tierra. Ojalá no se quede en ficción y aprendamos que con los recursos naturales no se juega.