La situación de los animales en Venezuela es el reflejo de una crisis que ha empezado a matar de hambre y enfermedad. La única empresa que aún producía “perrarina” y “gatarina”, como llaman al alimento para perros y gatos, cesó actividades en junio. Por lo tanto, conseguir concentrado se ha convertido en una proeza por la que se paga un alto precio en el mercado negro: 1 kilo de gatarina, que costaba 1000 bolívares a diciembre de 2015, hoy vale 7000, es decir, casi la cuarta parte de un salario mínimo (30.000 bolívares).
 
Entre tanto, las organizaciones protectoras de animales, cuya capacidad de multiplicar los panes está llegando al límite, no dan abasto con los miles de animales que tienen a cargo, los que siguen llegando y los que, probablemente, están por venir. El promedio de llamadas diarias por abandono que recibe la fundación Asoguau, en Carabobo, es de 15, sin contar los animales devueltos en adopción.
 
El drama es tal que, según la fundación, semanalmente se enferma un promedio de 50 gatos debido a la alimentación deficiente que con tremendo esfuerzo alcanzan a proveerles. Hace dos meses 250 perros que viven en los alrededores de la Universidad de Carabobo no reciben un pepa de alimento.


 
Misión Nevado, organismo financiado por el Gobierno, ha logrado mantener un mínimo alivio de alimento a 141 refugios en Caracas que albergan 6000 animales. Sin embargo, en el resto del país la ayuda es nula. Estados como Carabobo, hace dos años, no reciben una vacuna para gatos y las de perros se acabaron en julio de 2015. En los estados más abandonados los perros y gatos deambulan y se reproducen como en tierras del olvido.
 
Por si fuera poco, el número de cirugías de esterilización ha bajado este año 65%. Incluso en Caracas Misión Nevado pasó de 16.000 en 2015 a 4500 en lo que va corrido del año. No solo porque la única posibilidad de conseguir anestesia la ofrece el mercado negro a precio de esmeraldas, sino por falta de instrumentales veterinarios. Para que se haga una idea de la gravedad de suspender las esterilizaciones, la natalidad de una perra y su descendencia, en cinco años, puede ser de 5000 cachorros, y la de una gata, en el mismo periodo de tiempo, superar los 28.000.
 
Tampoco se consiguen sondas, suturas, antibióticos y desparasitantes. Mientras tanto, las garrapatas se dan festines y producen dermatitis bacterianas que no hay cómo tratar.
 
Pero el drama no solamente afecta a animales domésticos. Los animales silvestres confinados en zoológicos que desde antes de la crisis eran decadentes, todos a cargo del Estado, también padecen desnutrición e inanición. Según un medio colombiano, 50 animales han muerto de hambre en los últimos seis meses en el zoológico de Caricuao. Al parecer, como resultado de escasez y corrupción.
 
Si las ayudas externas no han llegado es porque el Gobierno de Venezuela, soberbio, insiste en negar la crisis y exige, en cambio, que todo auxilio se tramite como “convenio comercial internacional”. Las fundaciones temen, además, que las autoridades fronterizas las confisquen o que se pudran por falta de una firma.
 
Por todo ello, la donatón de octubre, en Bogotá, la haremos también en beneficio de los animales de Venezuela. Ya veremos la manera de superar las barreras de la mezquindad política.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.