Una noche de 1996 llevé a casa de mis padres el primer computador de escritorio que tuve. Trabajaba en diseño web, así que tenía contratado servicio de conexión telefónica (flamantes 14400 kbps). Al encender la máquina y mientras cargaba el software llamé a mi familia y los senté para que conocieran «la web». Le pregunto a mi madre dónde quiere ir y ella responde que al Louvre. Digito la dirección web y aparece la página. Me pregunta ella si podemos ir a las salas del primer piso y le digo que eso es imposible pues lo que tiene el museo es una galería de fotos, a lo que responde «pues al parecer eso no sirve y está por inventar», y se paró dando fin, sin empezar, lo que pensaba sería un recorrido de descubrimiento inolvidable para todos.

Cuatro años atrás, el profesor David Gelernter publicaba Mirror Worlds, libro en el que anunciaba un mundo en el que «usted prenderá un computador y en el verá la realidad». Una imagen exacta al mundo que conocemos existiría en la pantalla, por lo que «la gente dejará de mirar sus pantallas y empezará a maravillarse con ellas». El texto invita a imaginar y reflexionar sobre una realidad que anticipaba inminente. Describe un mundo espejo.

Simultáneamente otro libro era publicado: Snow Crash, de Neal Stephenson, novela de ciencia ficción que anticipaba universos como Second Life (SL). En ella, el autor describe una realidad hiperviolenta, controlada por mafias, de la cual escapa la gente al meterse a un mundo virtual. El yoReal se convierte en el yoVirtual al ponerse unas gafas y accesar el mundo digital, que llama Stephenson metaverso (término usado para estos mundos paralelos como y que cuenta con un organismo que trabaja en su implementación real). Describe un mundo virtual.

Veinte años después recibo una invitación de Google a la presentación de su última creación para el mundo espejo. Esta vez no es ciencia ficción: ocurrirá en Bogotá y será en un Museo. Es el Google Art Project y son las colecciones Botero y del Oro las que harán parte de las posibles rutas de sus usuarios. Para el Banco fue un acto maravilloso pues, durante el evento de lanzamiento, un funcionario del mismo me explicaba que cualquiera de las dos partes hubiera pagado millones por lo que el otro ofrecía y al final fue... gratis. Si bien cada uno recibe beneficios, hay un plan mucho más grande que podemos analizar.

Los mundos espejo y virtuales descritos en palabras por Gelernter y Stephenson, inspiraron a los ingenieros y estos crearon proyectos en los que se da realidad al sueño. Google Earth, Maps y Street View, Bing Streetside, Everyscape, fueron el inicio. Y ahora herramientas móviles como Waze y Layar permiten navegar el mundo y ver información (comercial, servicios, usos) en capas visuales que se superponen a la imagen que sale en la pantalla del dispositivo.

Representaciones paralelas de nuestro mundo, en los que se puede observar una tierra que imita nuestra realidad tan vivamente que muchos ciudadanos alemanes han pedido ser eliminados de sus imágenes, lo que obligó a la empresa a generar pedazos borrosos en las fotos de Google Earth. Y a la vez muchos pequeños pueblos en otras latitudes han empezado a colaborar con modelos tridimensionales para que los renders incluyan sus casas. Como siempre, algunos ven maravillados la posibilidad de existir y otros temen la posibilidad de ser observados.

Esta virtualización de la realidad incluye el Google Art Project, que permite a cualquiera buscar una obra maestra del arte y verla en su pantalla. Como las piezas han sido fotografiadas en alta resolución, eso deja acercarse a ellas y ver detalles que, en algunos casos, no podríamos ver ni siquiera visitando físicamente el museo en la que se encuentra. Y, como para dar gusto a los usuarios exigentes (como algunos de mis familiares), permite ver la obra en el contexto del museo, así como movernos por las salas y descubrir el recorrido propuesto por la museografía de cada colección.

Si bien esto se logra con el trabajo coordinado con los centros culturales, Google permite la complicidad de los usuarios al entregarles herramientas gratuitas como Sketch Up, y el Building Maker las cuales son utilizadas para dibujar los modelos tridimensionales de los edificios que poblan la versión digital de Google Earth. Además, anualmente la compañía patrocina un concurso para encontrar los mejores modelos por zona geográfica, en el que participan activamente poblaciones completas.

Recientemente el mundo fue sorprendido por un video en el que se ve en primera persona el recorrido de un hombre desde su casa, pasando por algunas partes de su ciudad, una librería y terminando en una azotea en la que le interpreta una canción a su amada, quien lo observa por video, a la distancia. Pareciera que todo ocurre sin usar aparatos tecnológicos. Y es esa la promesa con la que se nos ha presentado Google Glass. Una capa de ayudas visuales que percibiríamos en movimiento y de forma tan sencilla que todos podrían usar en la vida diaria. Pero, ¿será que esta entrada al mundo de Snow Crash es lo que queremos? Puede que, como humorísticamente han puesto ya, esta sea una receta para el desastre diario.

Desde hace un tiempo en las ayudas de navegación de Google se incluye información interior de museos, centros comerciales y otros sitios; para ello tienen Google Floor Plans, herramienta que permite a cada propietario incluir su negocio. Los usuarios de teléfonos inteligentes ya están acostumbrados a buscar indicaciones y rutas a diario usando sus pantallas. Hay usuarios que toman fotos y las usan para buscar en Google, pues gracias a su aplicación Goggles estas pueden ser analizadas y se consigue información basándose en ellas. Y, para los más retro, se va lanzar próximamente un cartucho para Nintendo (!!!) y una aplicación para Android con Google Earth 8bit.

Es tan claro el poder del mundo espejo para la empresa que han abierto recientemente Google Earth Outreach, para guiar a los interesados en usar mapas como herramienta de estudio social, económico y cultural, pues en algunos casos es más importante ponerse en el mapa que abrir una página web.

¿Será que estamos ad portas del momento en el que recuerde un libro que estaba en tal biblioteca, lo busque en ella caminando virtualmente, lo retire del estante y pase a leerlo en mi pantalla? Al parecer la tecnología lo deja, pero hay mucho por hacer aún, sobre todo venciendo miedos y encontrando solución a grandes problemas legales actuales y los que se empiezan a percibir. Pues, ¿no es este el mejor ejemplo de crowdsourcing que tenemos? Y, de serlo, la pregunta grande es: ¿a quién pertenece? Todos beneficiados o todos... ¿marraneados? Al parecer podremos usar el espejo, pero el reflejo tendrá reglas claras. Estar o no estar es la pregunta, y de seguro, si no se toma acción alguien lo hará por uno. Decisiones...

De seguro esta noche algún chico sentará a su familia y los llevará al museo del Louvre y, entusiasmados por lo que ven en su recorrido, capaz que empiezan a planear un viaje real a París. Pero otros, desde cualquier parte del mundo, visitarán el Museo del Oro y decidirán venir a Colombia, pues lo virtual es una invitación a vivir y conocer la realidad con más intensidad, si sentimos que así lo podemos hacer.

Postweet: Antes de cerrar, no podemos olvidar que el profesor Gelernter ha demandado a Apple por piratería, y el caso está en apelación...