El senador Armando Benedetti le hizo una apuesta muy alta al Congreso: derogar las excepciones del Estatuto Nacional de Protección Animal que hoy permiten las corridas de toros, corralejas, novilladas, becerradas, peleas de gallos y el coleo. En suma, prohibirlas. Como era imaginable, la Comisión Primera del Senado frustró la iniciativa. En cambio, planteó debatir la inversión de recursos públicos para la realización o promoción de estos espectáculos. Así, le clavó la primera banderilla.

Moribundo, el proyecto pasó a plenaria donde el ‘sí’ mayoritario de 52 senadores le dio su estocada final. Estos honorables antianimalistas votaron por hundir el proyecto y mantener la financiación de espectáculos crueles a cargo del Estado.  

En su ponencia negativa, Alfredo Rangel, del Centro Democrático, les pidió a sus colegas “ponerse en los zapatos de los cientos de pueblos en el país cuya única entretención son las corridas de toros de sus ferias patronales”, es decir, mantenidos en la pobreza a punta de pan y circo. Otros senadores, cuyos votos se afincan en regiones donde las peleas de gallos,   corralejas y el coleo son financiados por el Estado en alianza con ganaderos, como ocurre en la costa, alertaron sobre las inconveniencias de restringirle al pueblo sus maneras de entretención. En otras palabras, de quitarle el opio con el que distrae las penurias de la pobreza y la inequidad. O, como diría el exprocurador Alejandro Ordóñez, las entretenciones que le han permitido “desfogarse racionalmente de los inconformismos incubados a partir de las realidades que le ha tocado vivir”.

Lo que no mencionan Rangel, los senadores, ni Ordóñez es que son ‘realidades’ engendradas por políticos corruptos que mantienen a ‘esos pueblos’ sumidos en el aguante, la incultura y la pobreza espiritual, mental y material. Y que el ‘desfogue racional’, que de racional no tiene nada, es el único ejercicio de poder, destructor como la corrupción, que están dispuestos a tolerar y patrocinar en ‘esas gentes’.

El argumento para la defensa de las corridas de toros en las principales ciudades del país, en cambio, no es tan vendedor para un debate en el Congreso. No imagino las ‘duras realidades’ que han de vivir los empresarios de la Corporación Taurina de Manizales o Bogotá.

Estas razones, sin embargo, no sorprenden viniendo del Centro Democrático. De Viviane Morales, tampoco. Entre sus propuestas de odio contra las minorías cabe el odio contra los animales. De Opción Ciudadana, el Partido de la U, Cambio Radical y el Partido Conservador, cuyos senadores sumaron 24 votos contra los animales, uno espera poco. Pero los nueve senadores del Partido Verde, el Partido Liberal, el Polo y la ASI que votaron por archivar el proyecto deberían ser sancionados por falsedad ideológica.

Además de Benedetti, los valientes senadores que votaron en contra de la financiación de espectáculos crueles con animales con dineros públicos fueron: Claudia López, Luis Fernando Velasco, Iván Cepeda, Senén Niño, Iván Name, Antonio Navarro Wolff, Mario Fernández Alcocer, Juan Manuel Galán, Guillermo García Realpe, Nadya Biel, William Chamorro y Carlos Galán. Tenga presente estos nombres.

A ellos, gracias. Para el próximo intento, los animalistas debemos sacudirnos de la ineficiente “bancada animalista” y estar atentos a participar. Por lo pronto, usted y yo seguiremos pagando la barbarie con nuestros impuestos.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.