Aunque apenas el 14% de las universidades colombianas están acreditadas, el logro de cada institución abre el camino para asegurar la calidad educativa en el país.  

Decidir dónde estudiar es tan difícil como decidir qué estudiar porque ante una abultada oferta de opciones resulta complejo saber cuál es la mejor alternativa. El tema de la acreditación pareciera ser la salida para entender qué oferta académica de calidad es la más conveniente, pero ¿en sí, qué es la acreditación y para que sirve?

En primer lugar, es necesario entender que la educación es dinámica, está en constante cambio y requiere de procesos de evaluación que delimiten el camino que se debe seguir. En Colombia, el Ministerio de Educación Nacional (MEN) ha creado mecanismos para que las universidades reconozcan su estado actual y marquen planes para el futuro, que puedan llevar a garantizar la calidad entre sus estudiantes y docentes y allí es donde la acreditación cumple un papel fundamental.

La ministra Gina Parody ha insistido en la necesidad de posicionar a Colombia como el país más educado de la región para 2025. Una meta ambiciosa que debe incluir, además del aumento de la cobertura y la implementación de la jornada única en colegios, la acreditación de las instituciones de educación superior. De allí que noticias como la reciente acreditación de la Universidad El Bosque demuestran que cada vez más son las instituciones que se suman al objetivo del país de ser el más educado de Latinoamérica en los próximos años.

Cabe señalar que lograr la acreditación institucional implica cumplir con estándares de calidad por encima del promedio, una consecuencia de buenas prácticas que manda un mensaje a la sociedad de que las universidades están preocupadas por entender el concepto dinámico de la educación para estar en constante aprendizaje y renovación.  

Sandra Ruíz, docente y experta en el tema de acreditación universitaria aseguró a PUBLIMETRO que “la acreditación permite mantener una dinámica de actualización y cualificación de la educación superior en el país y genera en las universidades la necesidad de estarse preguntando por su responsabilidad social frente a la formación y a la generación de investigación”.

Ahora bien, la autoevaluación es muy importante dentro de la acreditación porque es la clave para reconocer qué se es como centro académico, cómo se está y qué se quiere mejorar, complementa Ruíz. Es a partir de un proceso de autoevaluación que se puede demarcar el proyecto institucional PEI y un plan de desarrollo que defina las estrategias a seguir. Y, básicamente en eso consiste la acreditación, dado que cuando una institución decide de forma voluntaria entrar en un proceso para reconocer qué tipo de institución es y a dónde quiere llegar está persiguiendo la calidad.

Pese a que son pocas las universidades que tienen acreditación institucional, muchas de ellas ya están trabajando en procesos para alcanzar altos estándares de calidad. Para ubicarse en este nivel, complementa Ruíz, existen 15 factores que definen la calidad del quehacer en la formación universitaria, que cubren desde el propósito y la visión de la universidad, pasando por todos los aspectos académicos y curriculares; y claro, los que corresponden también a la infraestructura y al estado financiero.

En consecuencia, el reconocimiento del MEN a la Universidad El Bosque (que además tiene acreditados 8 de sus 26 programas) es una muestra del camino que están tomando varias universidades en el país, que buscan coherencia entre los procesos de autoevaluación, el proyecto institucional y el plan de desarrollo.