Atenas, 21 ago (EFE).- El Gobierno griego trata de cuadrar un recorte de 11.500 millones de euros en vísperas de la reunión en Atenas del primer ministro heleno, Andonis Samarás, con el jefe del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, y su posterior viaje a Berlín y París.

Samarás trata de demostrar con estas medidas la seriedad de su Gobierno en la aplicación de los recortes pactados, en una semana crucial en la que se reunirá por vez primera, el viernes en Berlín, con la canciller alemana Angela Merkel y, el sábado en París, con el presidente francés François Hollande.

La situación de Samarás no es fácil: desde el exterior recibe la presión de la "troika" -Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Central Europeo (BCE) y Comisión Europea (CE)- mientras en Grecia se acrecienta el descontento popular, con un paro en el 23 %, y en su Gobierno ya existen claras fisuras por los nuevos recortes.

Sin embargo, los nuevos recortes se tienen como la condición inexcusable para lo que el jefe del Gobierno heleno realmente quiere, que según la prensa es negociar una prórroga de dos años en los objetivos de déficit del endeudado país, o alguna fórmula alternativa que permita suavizar el impacto de los nuevos recortes que se deben aplicar hasta 2014.

Esta prórroga aliviaría el impacto económico y el descontento social del nuevo ajuste, que ya ha llevado a Grecia a una espiral de cinco años de recesión y que este año va a hundir la economía un 7 %, cuando las previsiones iniciales del Gobierno eran de una contracción del 4,5 %.

Los recortes son también imprescindibles para que Atenas obtenga 31.500 millones de euros de la troika, congelados desde hace meses por la falta de avances del Gobierno en anunciar los nuevos ajustes.

El lado negativo de aplazar la aplicación de los recortes, como desea Samarás, es que no cuadrarían los planes iniciales ni sería suficiente el crédito otorgado por la eurozona a Grecia, lo que llevaría a aumentar los recursos del segundo plan de rescate por encima de los iniciales 130.000 millones de euros.

De ahí la importancia crucial del viaje del primer ministro griego a Berlín, dado que el Gobierno alemán se ha negado de plano a cualquier cambio de lo ya comprometido con Atenas.

Además, Samarás cuenta con el hándicap de que como líder opositor rechazó todas las reformas previstas por el primer plan de rescate que desgastó al Gobierno socialdemócrata, lo que provocó la ira de sus socios del Partido Popular Europeo, y especialmente, de Merkel.

Los analistas griegos consideran que Hollande sería más flexible ante los argumentos de Samarás y la explosiva situación social en Grecia.

El ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, advirtió ya el lunes, en su conferencia de prensa en Berlín con su homólogo griego Dimitris Avramópulos, de que "no pueden darse cambios significativos al plan de rescate".

"La clave para el éxito del programa de reformas está en Atenas", destacó el jefe de la diplomacia alemana.

Pero antes de viajar a Berlín y París, Samarás quiere mostrar un boceto avanzado del nuevo plan de recortes a Juncker, que visita mañana Atenas.

Las medidas más espinosas son la reducción de las pensiones de jubilación, la eliminación de las ayudas sociales y el recorte drástico de las que queden, así como la supresión de 150.000 puestos de trabajo público hasta el año 2015.

También se prevé el cierre de compañías públicas y la privatización completa de las empresas estatales de electricidad, gas, telecomunicaciones y gestión de agua.

El Gobierno busca fórmulas para que las pensiones de menos de 700 euros mensuales no resulten afectadas por los recortes y para que la reducción de funcionarios se haga limitando el número de despidos.

Para evitar esto, Samarás y su equipo económico están elaborando un plan que pondría en la reserva durante tres años a alrededor de 40.000 funcionarios, quienes percibirían el 65 % de su salario base.

El plan ya ha sido rechazado por Fotis Kuvelis, líder del socio gubernamental Izquierda Democrática, quien en declaraciones a los medios ha subrayado que "esta medida ya ha fracasado una vez, así que el Gobierno no debe adoptarla".

Desde el inicio de los programas de austeridad en 2009, los funcionarios y los pensionistas han perdido alrededor del 40 % de su poder adquisitivo en tres oleadas de recortes, mientras que en el sector privado las cifras son similares debido al efecto sobre los salarios de la liberalización de los convenios colectivos.

Yannis Chryssoverghis

Bruselas, 21 ago (EFE).- Más de dos años después de haber sido rescatada por primera vez, Grecia se encuentra de nuevo en un callejón sin salida y en una semana en la que intentará ante líderes europeos prolongar su supervivencia y aliviar la agonía, algunos ven un "Grexit" de la eurozona cada vez más probable, pero no deseable.

Desde hace algún tiempo la posibilidad de que Grecia abandone la zona del euro ha dejado de ser un tabú y cada dos o tres meses ciertos políticos, ya sean miembros de Gobiernos o líderes de la oposición, vuelven a agitar las aguas y a despertar el fantasma de lo que ya se conoce como "Grexit".

No pocas veces hay que leer estos comentarios en clave de política interna, en el marco de campañas electorales o de votos claves en los parlamentos, no pocas veces se producen a modo de presión ante comicios en Grecia o las revisiones de la troika.

Pero para el economista jefe del Centro para la Política Europea (EPC, en sus siglas en inglés), Fabian Zuleeg, no se trata únicamente de un as que se guarda la eurozona en la manga, sino que hay políticos que realmente creen que forzar una salida de Grecia del euro sería la solución menos costosa, un "mal menor".

Y para el analista del centro de estudios bruselense Bruegel Zsolt Darvas, "las probabilidades de un 'Grexit' son muy grandes" las más grandes desde las elecciones de junio.

Sin embargo, no existe un peligro a corto plazo a su juicio.

Para Zulegg ese escenario "sería un desastre" y conllevaría un coste mucho más alto de lo que algunos se imaginan, desde el punto de vista económico y también político.

Una salida de Grecia del euro pondría en duda el fundamento sobre el que se construyó la integración europea y todos los planes futuros para una unión política y bancaria.

"Hemos aceptado la adhesión de Grecia cuando su democracia y su economía eran aún débiles y lo hemos hecho deliberadamente para salvaguardar la democracia. Si abandonamos ahora Grecia, retrocedemos 20 ó 30 años", sostuvo.

Grecia entró en 1981 en las Comunidades Europeas para cimentar la transición de la dictadura de la Junta Militar (1967-1974).

Es cierto que Grecia se encuentra "en el filo de la navaja" y que solo podrá mantenerse a largo plazo en la eurozona si los líderes encuentran una "solución permanente", fomentando el crecimiento y las inversiones en el país.

Porque con un país que se sumerge en una recesión cada vez más profunda "es prácticamente imposible salir de la trampa de la deuda", apuntala.

El primer ministro griego, Andonis Samarás, aprovechará sus reuniones el miércoles en Atenas con el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, el viernes en Berlín con la canciller alemana, Angela Merkel, y el sábado en París con el presidente francés, Françoise Hollande, para buscar una salida del callejón y recabar apoyo político para pedir a la eurozona una prórroga de dos años -hasta 2016- en la aplicación del programa de ajustes.

Actualmente tiene los vientos políticos en contra y para Zuleeg una prórroga no es la solución sino un comienzo.

"Tendremos que seguir trabajando en las reformas y tendremos que seguir rescatando al país, poner más dinero" en un tercer programa, sostiene este economista.

Darvas considera que la economía griega puede ser salvada si cuenta con el apoyo político necesario, pero solo si no se aceleran los ajustes y se implementa un verdadero plan de crecimiento con un fuerte enfoque en inversiones y una reducción significativa de la deuda mediante la implicación del sector público, es decir los gobiernos y quizás el BCE y los bancos nacionales.

Por ahora el sector privado ha tenido que asumir pérdidas sobre la deuda helena, pero no así el público, que no tendría por que aceptar una quita, sino dar más tiempo a Grecia para hacer frente a los vencimientos y bajar los intereses de los préstamos, explica.

Eso sería mucho más vendible para los gobiernos ante una opinión pública crítica que una quita o una nueva inyección de dinero.

Los líderes probablemente accederán finalmente a renegociar parcialmente el programa de ajustes y reformas, porque saben que las consecuencias de un "Grexit" serían enorme, opina Darvas.

La troika volverá a Atenas a principios de septiembre y después el Eurogrupo tendrá que decidir si sigue apoyando a Grecia una vez más para que no suspenda pagos.

Céline Aemisegger