María duró casada 12 años, conviviendo con el miedo, los gritos, los golpes, los celos, la indefensión y la represión. Por temor permaneció al lado del hombre que por muy poco acaba con su vida.

Mientras permaneció con él, siempre vivió con la zozobra de que cada día los golpes serían peores y que sus niveles de violencia estaban siempre en aumento, pero el silencio era su peor consejero, nunca le dijo a nadie lo que le pasaba.

María recuerda el comienzo de su relación y dice que “hay una cosa que es muy común, al principio todo es color de rosa, todo es bonito, todo es bien; en la medida en que vienen los hijos, las cosas se van tornando más violentas”.

Sus tres hijos tenían 7, 9 y 12 años; en ese entonces, lo que le generaba mayor preocupación porque sentía que por ellos debía salir adelante y que les afectaría dejar al papá; sin embargo, no era fácil, por eso aunque en una oportunidad se separó, no tuvo más remedio que volver.

Estar sola en la ciudad, lejos de su familia y sin amigos, la hizo sentirse vulnerable y decidir que la única opción era estar con él.

Volvió a compartir el techo con su verdugo por la misma presión que él ejercía en cualquier lugar al que María llegaba en búsqueda de trabajo, ya que lograba encontrarla siempre y amedrentar a todos los que la rodeaban.

“Él era bastante celoso, era horrible, yo salía de mi casa al colegio y luego a la biblioteca, ese era mi recorrido; pero regresar con él fue mucho peor, así que me volví a separar de él; pero siempre me cerraba las puertas de donde yo iba a trabajar, iba y me hacía escándalos, prácticamente me sacada de donde estaba, era mucho peor” recuerda María.

Las agresiones eran cada vez más fuertes, siempre con la amenaza de matarla, recuerda que una vez le rompió el tabique y que esa vez no puso más denuncias, ya él tenía muchas porque siempre lo denunciaba “pero no hacían nada”.

Ya separados, la última agresión fue la peor, “me dañó una mano, me golpeó la cara hasta volverme nada; de hecho llegó la Policía ahí, pero como ya se había ido y no lo habían cogido infraganti entonces que no podían hacer nada”.

Esa vez, volvió a denunciarlo en la Fiscalía, pero estaba muy mal, “uno de mis hijos asistía a una fundación que yo lo llevaba día de por medio, cuando fui a llevarlo y me vieron así, de una vez me llevaron a derechos humanos y de ahí llamaron a Cerfami, ellos vieron que yo estaba muy aporreada, me dijeron de una vez para ayudarme y llevarme unos días a un hogar de acogida con mis hijos”.

A través del apoyo de la fundación fue que María logró salir de ese círculo de violencia en el que vivió; logró adelantar estudios técnicos, encontrar un lugar de trabajo estable y vivir en paz con sus hijos.

Las cifras

Según datos del Instituto de Medicina Legal, en Medellín se han registrado en lo corrido del 2016, 1.549 casos de maltrato hacia la mujer por parte de su compañero permanente, novio o esposo.

Cuatro pasos para acabar el maltrato

Dilia Rodríguez Villa, fundadora y directora de Cerfami, nos cuenta los principales pasos que se deben seguir una mujer para poder salir del círculo de violencia familiar en el que se encuentra:

Uno. Romper el silencio: es importante que le cuente a una familiar, a una amiga o a una vecina; porque a veces las primeras ayudas vienen de esas personas, porque la violencia intrafamiliar es un delito que se vive de puertas para adentro.

Dos. Acudir a cualquier instancia: puede ser a una comisaría, a bienestar familiar, caja de compensación familiar, a la Secretaría de las Mujeres, a la Secretaría de Salud, entre otras; para que le tracen la ruta.

Tres. Poner el denuncio: lo puede hacer en la Fiscalía o ir a una comisaría y estas entidades hacen la valoración del riesgo y la remiten al programa competente.

Cuatro. Buscar fundaciones de apoyo: existen instituciones que tienen la posibilidad de brindarle apoyo a las mujeres sin importar las condiciones económicas que tengan.

La directora resalta que para las mujeres de estratos socioeconómicos altos, la dependencia económica es una de las razones por las que se mantienen en los círculos de violencia, pero que generalmente es a ellas a las que es más fácil ayudar porque tienen niveles de educación más altos y pueden ser ubicadas laboralmente en menor tiempo.

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