“Pero usted es jovencita, ¿cuántos años tiene?”. 28, le respondo. La boca se le convierte en una media luna y pregunta sin dudarlo, “entonces, ¿cuántos niños tiene?”. Ninguno, le digo. Y me abre las pepas achinadas que tiene por ojos, como si se quisiera comer toda su cara con ellos, “¿cuándo va a empezar?”, me pregunta casi a los gritos. Y se espanta con mi “quién sabe”. No...