La vida de John Jaír Piedrahita se partió en dos el domingo, 25 de octubre de 2015, cuando se acercó a una mesa de votación del colegio San Vicente de Paul de Buga para ejercer su derecho al voto. Desde ese momento, empezó su calvario.

El mototaxista bugueño, de 48 años, fue capturado por miembros de la Sijín, acusado de tener circular roja de la Interpol por ser, supuestamente, el máximo capo de las drogas en Argentina, país que lo requería en extradición.

"Nunca he viajado a Argentina, ni a ningún país. Es más, nunca había solicitado un pasaporte. Yo no tengo pasaporte, existe un pasaporte falso", le dijo a los medios de comunicación Piedrahita.

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Pese a ello, cuando fue detenido, las autoridades le mostraron su supuesto pasaporte: un documento que, pese a que tenía su nombre y número de cédula, tenía la foto, las huellas dactilares y la firma de otra persona.

“Figuraba un hombre gordo, cachetón, según eso de estatura de 1,75, pero con mi nombre y número de cédula. Había una huella que no es la mía, se pudo constatar, y una firma rara que decía John Piedrahíta, que tampoco es la mía", relató el mototaxista.

Tras diez días de detención en Buga, en el CAI ubicado a tres casas de la suya, fue trasladado al patio de extraditables de la cárcel La Picota en Bogotá, donde permaneció internado por once meses.

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Zoraida Lemos Lozano, su esposa, le manifestó a El País que fueron once meses de sufrimiento, mientras su esposo estuvo detenido injustamente. Ella tuvo que buscar un trabajo como empacadora de una fábrica de envases para sostener a su familia con un mínimo.

“Lo más triste es que durante todo ese tiempo no tuvimos los recursos para visitarlo en la cárcel, lo más importante es que Dios siempre estuvo con nosotros y nos ayudó a salir de este problema, siempre estuve convencida que mi marido es un hombre inocente”, dijo la mujer.

Y así fue. Después de una intensa pelea jurídica, la defensa de Piedrahíta y su familia lograron demostrar ante la Corte Suprema de Justicia colombiana que el bugueño no era el hombre requerido en Argentina, quien sería un tercero que había suplantado su identidad.

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“En ese documento, que tramitó mi esposa junto con un abogado, se decía que en los últimos 15 años no había volado, ni existía ningún registro de vuelos nacionales y menos internacionales a nombre mío”, dijo el mototaxista, quien además logró que la Fiscalía le diera una prueba de que le habían robado su identidad.

Tras las pruebas obtenidas, se demostró la injusticia de la que era víctima Piedrahíta, quien de inmediato fue dejado en libertad por orden de la Corte, quien además desestimó la petición de extradición de la justicia argentina contra el bugeño.

Fueron muchos días y noches de sufrimiento los que vivieron John Jaír y su familia, por lo que no descartan demandar al Estado por el error judicial que le arrebató once meses de libertad.