SOBRE LOS EXCOMBATIENTES
EN EL VALLE DEL CAUCA

Según cifras de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), entidad del Gobierno Nacional encargada de reintegrar   la sociedad a las personas desmovilizadas de grupos armados ilegales, en el departamento hay 2.556 personas ingresaron de manera voluntaria al proceso de reintegración, tras abandonar grupos al margen de la ley.

De ellas, 379 ya culminaron de manera exitosa la ruta de reintegración, lo que significa que cumplieron con el plan de trabajo integral y concertado, que dura –en promedio– seis años y medio por persona.  

EN DETALLE
980

desmovilizados en procesos de reintegración hay en la capital vallecaucana.

Pese a que los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc aún no culminan y aunque el plebiscito apenas se está organizando, el posconflicto ya es una realidad en la capital vallecaucana. Cali vive desde hace por lo menos 13 años escenarios de posguerra.

Así lo aseguró la asesora de paz del Municipio, Rocío Gutiérrez Cely, quien señaló que Cali es una ciudad que históricamente ha sido receptora tanto de víctimas como de victimarios. “Todos esos desafíos ya están aquí, independientemente del momento y la oportunidad histórica que tenemos como país”, subrayó.

Según cifras de la Asesoría de Paz, en Cali hay unas 170.000 víctimas del conflicto. “Es una cifra que varía y que fluctúa mucho, pues es una población muy móvil y por otro lado a diario siguen llegando”, recalcó Gutiérrez Cely.

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Entre las víctimas se encuentran desplazados, civiles heridos en medio del fuego cruzado, familias a las que grupos armados les desaparecieron algún integrante e incluso miembros de la Fuerza Pública que han resultado amputados o lesionados de manera permanente por la crudeza de esa guerra que desde hace más de 60 años desangra al país.

Uno de ellos es el Jairo Alberto Cabrera, quien actualmente es el representante de la organización Héroes de la Patria (HERPAT), que congrega a unos 1200 miembros retirados del Ejército y la Policía del Valle del Cauca, heridos en combate y que cuyas heridas dejaron marcas indelebles en sus cuerpos.

Cabrera perdió la movilidad de sus piernas en un operativo hace algunos años, cuando integraba el Grupo Especial Armado de la Policía Nacional, con el que patrulló zonas como Cesar, Norte de Santander y Santander, donde su vida se partió en dos.

El hombre prefiere no recordar el fatídico día como algo malo. No. El vocero de HERPAT prefiere pensar que su situación de discapacidad adquirida en combate lo obligó a reinventarse.

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“Yo me siento orgulloso cada vez que me veo al espejo. Este es el resultado de la guerra, pero esto pasó prestándole servicio a la patria. Ahora el reto es la reconciliación y la equidad para todos los actores del posconflicto”, manifiesta.

Porque pese a que algunos sectores de la Fuerza Pública rechazan en silencio el proceso de paz que adelanta el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con las Farc, Cabrera es consciente que “esta es la oportunidad real de la paz y debemos aprovechar para quedar todos inmersos en este cambio. Todos merecemos mejores condiciones de vida”.

Del otro lado se encuentran los excombatientes de las guerrillas o los grupos paramilitares, desmovilizados y en proceso de reinserción en la sociedad. Cali también es el escenario donde ellos intentan regresar de la mejor manera posible a la vida civil.

“Cali cuenta con 980 desmovilizados en procesos de reintegración. Están desarrollando su ruta activa de reintegración y son personas que están teniendo acompañamiento psicosocial, están teniendo un proceso educativo y de formación”, explica la asesora Gutiérrez Cely.

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Es una realidad, según sentencia la funcionaria: “desde hace 13 años, los desmovilizados ya conviven con nosotros en un muchos espacios, en los lugares públicos, incluso trabajan con nosotros”.

En la capital vallecaucana ya hay más de 200 excombatientes de grupos al margen de la ley que culminaron su proceso de reintegración y que conviven en espacios de la cotidianidad de los caleños, como las estaciones del MIO, los centros comerciales y los escenario deportivos.

Cali es, en definitiva y como explica el asesor municipal para el Posconflicto, Óscar Gamboa, la capital del posconflicto en el país.

“Es una ciudad que exhibe unas características geográficas muy particulares, que ninguna otra ciudad de Colombia tiene. Estamos muy cerca de zonas rojas de conflicto y hemos sufrido las externalidades de la guerra: estamos a media hora del norte del Cauca, a una hora de la cordillera central y a cada vez menos tiempo de la costa Pacífica”, manifiesta.

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Gamboa agregó que con la eventual firma del acuerdo final de La Habana, “precisamente por la ubicación de la ciudad, van a llegar muchos más desmovilizados”. “Ahí hay un desafío pero también debe representar una oportunidad. Cali será la capital piloto para el posconflicto a nivel urbano en Colombia”, concluyó.

La Asesora Municipal de Paz añadió que en el ámbito local se está enfocando el trabajo en la prevención para que los menores se alejen de escenarios de violencia, además de las acciones que se adelantan en términos de paz y convivencia.

“Estamos trabajando muy fuerte. Haciendo un ejercicio de intervención directa en territorios con lo que tiene que ver con dinámicas de convivencia y reconciliación. Cali es una ciudad receptora de víctimas, somos una ciudad receptora de excombatientes”, reiteró Gutiérrez Cely.