Violencia intrafamiliar

En 2015 se presentaron 17.816 casos de violencia intrafamiliar, lo que significa un incremento del 10% con respecto al año anterior, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Y es que según el último informe de calidad de vida de Bogotá Cómo Vamos, desde el año 2014 se perdió la tendencia descendente de la tasa. Sin embargo, como ésta se toma a partir del número de denuncias registradas, nos e puede asegurar si se trata de un aumento de la problemática o una disminución en las denuncias.

El agravante es que, en su mayoría, los maltratadores son los padres de familia.   “Junto con los padres, los niños y jóvenes están recibiendo golpes y maltrato de sus tíos, abuelos y otros familiares, como lo demuestran las cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar”, dice la cabildante.

El aumento de los casos es alarmante. Cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar indican que en el 2015, hasta el 18 de julio, se presentaban 43 casos diarios, mientras que en el 2016, son 47.

Localidades como Bosa, Rafael Uribe Uribe, Kennedy y Ciudad Bolívar son en las que mayor número de casos se presentan. Allí, de acuerdo con la denuncia de la concejal, “el maltrato se conjuga con graves condiciones de pobreza, mala alimentación y poca atención en salud y educación a los menores”.

Por ejemplo, hace poco se conoció el caso de una menor de 13 años de edad de la localidad de Usme, quien fue quemada con una cuchara caliente por comerse un puñado de arroz sin el permiso de su padre y madrastra.

Además de eso, se supo que la obligaban a realizar labores domésticas como contrapartida para la alimentación que le daban con restricciones. Además, era golpeada frecuentemente.

Principales agresiones

De acuerdo con Bastidas, las principales agresiones son abandono temporal por falta de atención, maltrato físico y maltrato psicológico, por parte de sus padres y familiares.

Petición

La concejal considera “fundamental que la Secretaría de Integración Social oriente a los comisarios de familia de la ciudad, no solo para garantizar el restablecimiento de los derechos de los niños y jóvenes que son maltratados, que solo en el 2015 fueron 1.310 casos mensuales, sino para realizar una labor integral de prevención”.

También considera importante identificar cuáles son las zonas más vulnerables para llegar allí con trabajo social de prevención.

“Hoy estos mismos jóvenes y niños guardan cicatrices, señales, y no las hacen públicas por el temor a la represalias de sus propios padres”, asevera Bastidas.

Los colegios

Además, cree que el otro frente de acción son los colegios.Los niños maltratados cargan con las huellas de los golpes y los insultos de que son víctimas; la desnutrición es muestra de fallas en la alimentación. Y todo eso se nota en el salón de clases”, dice.

Las instituciones educativas no solo deben limitarse a darles información y conocimiento, sino a saber cuáles son las condiciones en las que llegan, por lo que, señala, “los profesores deben estar alerta para detectar esos casos y reportarlos para ayudar a los menores a tiempo. Y poder así detectar y castigar a los agresores”.

La salud mental

Al realizar la denuncia y estudiar las estadísticas, encuentra que uno de los elementos más preocupantes es la salud mental de los agresores.

“En los hogares donde están ocurriendo estos hechos de violencia y maltrato hay algo oscuro y brutal que no se deja ver a primera vista: el estado emocional y mental de los agresores. Ni jueces ni el sistema de salud tienen en cuenta el estado mental de las familias. No hay cifras ni registros que den cuenta de este estado mental de los maltratadores”, finalizó la concejal.

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