Más de 500.000 palomas hay en Bogotá, según un estudio de la Universidad de la Salle. Los residentes y ocupantes de pisos altos en localidades como Engativá, Chapinero, Los Mártires, La Candelaria y Teusaquillo deben lidiar con la gran cantidad de estas aves, a tal punto que se ha convertido en un serio problema de salud.

Por esto, el concejal del movimiento Libres Emel Vargas propuso en el Concejo de Bogotá implementar un plan para reducir la reproducción de las aves en la ciudad, mediante mecanismos como uso de hormonas en el maíz y arroz que se les da para alimentarlos y restringir su uso.

El proyecto busca reducir afectaciones respiratorias e infecciones producidas por los excrementos y polvillos que producen las aves en sus nidos. Así mismo, se busca reducir los efectos de estos animales en la infraestructura.

Según el Instituto Distrital de Participación y Acción Comunal (Idipac), la ciudad gasta más de 1000 millones de pesos al año en la limpieza de monumentos y espacio público de los excrementos de palomas. Los puntos más críticos son las plazas de Las Nieves, Bolívar, la Mariposa (San Victorino) y Lourdes.

Gloria Ramírez, experta en salud animal de la Universidad Nacional, aseguró a Caracol Radio que una de las preocupaciones es que estos programas de control de aves afecten a otras especies vulnerables que también residen en zonas como los cerros orientales o los parques y humedales de la ciudad.

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